Hasta el último golpe

Oportunidad

Jonathan

Asomé la cabeza ligeramente por la puerta, buscando a Luna con la mirada. Todo parecía estar en calma; no se oía más que el canto de las aves y el susurro del viento matutino.

—Parece que aún no despierta —murmuré, saliendo de mi habitación con cautela.

Caminé hacia la cocina, tomando mi delantal en el camino. Entré con precaución y lancé una mirada rápida que barrió el comedor de lado a lado. Al llegar al refrigerador, lo abrí para sacar un paquete de tocino. Justo cuando me agaché para tomarlo, escuché unos pasos detrás de mí. Me incorporé de inmediato, levantando la guardia por instinto, listo para detener un golpe sorpresa.

—¡Buongiorno, Jonathan! —gritó Luna, con una expresión llena de emoción. Estaba empapada en sudor, como si hubiera estado entrenando desde temprano. Parecía haber calentado justo para esto.

—Hola, Luna —respondí, retrocediendo un paso con una sonrisa.

Noté cómo apretaba los puños, deformando ligeramente sus guantes. Estaba lista. Nos quedamos quietos unos segundos, mirándonos fijamente. Entonces dio un paso adelante y lanzó un cruzado veloz.

Lo desvié con el hombro y contraataqué con un gancho, sin demasiada fuerza. Ella cerró la guardia, bloqueó el golpe y respondió con un uppercut que apenas rozó mi mejilla.

—Muy bien, Luna —la felicité, notando su progreso.

Di un paso atrás antes de lanzar un jab seguido de un cruzado. Los movimientos no fueron tan rápidos, y ella los esquivó con facilidad. Mantenía la guardia cerrada, tal como habíamos practicado. Aprendía rápido, pero todos cometemos errores. En medio de una ráfaga de jabs y cruzados, dejó su defensa abierta.

Aproveché la oportunidad: avancé con un gancho de derecha que se detuvo a centímetros de su barbilla. Luna se quedó inmóvil, con los ojos abiertos por la sorpresa.

—Nocaut —dijo entre risas, soltando una carcajada al quitarse los guantes—. Grazie, Jonathan.

—Lo hiciste bien —respondí con una leve sonrisa, bajando la guardia—. Cada vez reaccionas más rápido.

Ella sonrió con orgullo y se secó el sudor de la frente con la muñeca.

—Pero aún te descuidas cuando te emocionas —agregué, señalando su postura con un gesto.

Luna hizo una mueca y cruzó los brazos.

—Lo sé.

Solté una leve risa y miré el reloj colgado en la pared.

—Ya es tarde —murmuré—. Tengo que preparar el desayuno rápido.

De inmediato, me acerqué a la estufa y la encendí. En pocos minutos, los huevos chisporroteaban en la sartén junto al tocino, mientras el pan se doraba en la tostadora. El aroma llenó la casa con una calidez familiar. Era un sentimiento que me devolvía a la niñez; una de las razones por las que me gustaba cocinar.

Cuando terminé, serví todo en dos platos y los dejé sobre la mesa con cuidado. También dejé las llaves del coche a un lado.

—Isabelle no debe tardar en despertar. Espero que esto no se enfríe para entonces —dije, mirando a Luna con voz tranquila—. Uno de los platos es tuyo, Luna, así que no olvides desayunar.

Me dirigí a la puerta, listo para entrenar, con la satisfacción de haber pensado en ella antes de salir.

Luna asintió y se sentó en una de las sillas, aún sonriendo.

El camino al gimnasio fue tranquilo. Aún podía sentir ese leve hormigueo en mis brazos después del breve combate con Luna. Al entrar, el aire cambió de inmediato.

El olor a sudor, el eco de los guantes golpeando los costales y el sonido apagado de pasos sobre la lona me envolvieron como una rutina familiar. Pero entonces, una voz conocida atravesó el caos como un rayo. Un escalofrío recorrió mi espalda.

—Jonathan.

Matthew se despegó lentamente de la pared en la que estaba apoyado. Caminó hacia mí con esa mirada que ya conocía. Sus ojeras profundas y la expresión seria eran idénticas a las que mostró durante la rueda de prensa.

—Matthew, ¿qué estás haciendo aquí? —pregunté, extendiendo la mano para saludarlo. Él respondió al instante con un apretón firme.

—El muchacho vendrá a hacer sparring contigo cada cierto tiempo —interrumpió una voz a mis espaldas.

El señor Knox pasó junto a mí sin detenerse y se colocó al lado de Matthew, con los brazos cruzados.

Matthew suspiró, molesto.

—Mi padre me ordenó entrenar contigo hasta superarte —dijo sin entusiasmo—. No es que tenga muchas opciones. —Soltó un resoplido cansado—. Dice que debo aprender de mis errores, o al menos eso le dijo a la prensa. Pero yo sé cuál es la verdadera razón.

Sus ojos reflejaban una mezcla de frustración y hartazgo.

—¿A qué te refieres? —pregunté, intrigado por su tono.

Matthew apretó la mandíbula, desvió la mirada un instante y luego volvió a fijarla en mí.

—No puede aceptar que su hijo perdió. Que su apellido haya sido manchado porque tú me venciste. —Su voz era seca, directa, pero con un matiz amargo—. No habrá revancha. No piensa arriesgarse a otra derrota. —Soltó una breve risa sin alegría, negando con la cabeza—. Aunque el boxeo no le perjudica en nada, su orgullo no lo permitiría. Así que, en lugar de eso, quiere que me convierta en una versión tuya… hasta asegurarse de que no vuelva a perder contra alguien como tú.



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En el texto hay: boxeo, accion, romace

Editado: 30.07.2026

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