Hasta el último golpe

Aprobación

Jonathan

El trayecto a casa se me hizo más largo de lo normal. No por el tráfico ni por el cansancio después del sparring, sino por lo que me esperaba al cruzar la puerta.

Sabía que Isabelle necesitaría una explicación. Su preocupación por Luna y la idea de verla lastimada en el ring no la dejaban tranquila.

Apenas metí la llave en la cerradura, la puerta se abrió desde dentro.

—¡Jonathan!

Luna apareció primero, casi abalanzándose sobre mí, con los ojos brillando de emoción.

—¿È vero…? ¿De verdad es una pelea profesional? ¿Cuándo será? ¿Contra quién… voy a pelear? ¿Será en un ring de verdad, con público… con gente… tutto eso? —Las preguntas salieron una tras otra.

Detrás de ella, Isabella permanecía en el umbral de la sala, con los brazos cruzados y la mirada fija en mí.

Cerré la puerta con calma y dejé las llaves sobre la mesa.

—Vamos a sentarnos —dije, mirando a ambas—. Esto no es algo que se explique en dos segundos.

Luna soltó un pequeño quejido de impaciencia, pero obedeció y se dejó caer en el sofá. Isabella tardó un poco más en moverse, sin apartar los ojos de mí.

—Hoy vino un entrenador al gimnasio —empecé—. Está buscando una oponente para el debut profesional de una de sus peleadoras. Categoría supermediano.

Luna se inclinó hacia adelante de inmediato.

—Como yo.

—Exacto. Es la oportunidad perfecta para que empieces tu carrera profesional.

El silencio que siguió duró apenas un segundo—. No —dijo Isabelle.

—¿No? —Luna parpadeó, confundida.

—Dije que no. Jonathan, esto no es lo que habíamos hablado.

—Sí lo es —respondí, manteniendo la calma—. Dijiste que estabas de acuerdo mientras la cuidara.

—Cuando lo dije, ni siquiera era seguro que esto pasara —replicó, con un tono sobresaltado—. Era una idea, algo lejano… no una pelea real.

Luna se puso de pie.

—Pero ahora sí lo es —dijo, con una mezcla de emoción—. Es mi oportunidad.

Isabella la miró, y por un momento su expresión se suavizó, pero no cedió.

—Y también es el momento en el que puedes salir lastimada de verdad.

—Eso siempre… ha sido parte, de esto —intervino Luna—. Desde, el primer día.

—No es lo mismo entrenar que subirte a pelear de verdad —insistió Isabella—. Ahí nadie se va a contener.

—Yo tampoco —respondió Luna, sin dudar.

El silencio volvió a caer, más pesado esta vez.

Luna fue la primera en romperlo.

—Es mi sueño —dijo, más bajo, pero con una firmeza que no dejaba espacio a discusión—. Non puedes chiedermi di rendirme ahora..

Isabella cerró los ojos un instante, como si necesitara ordenar todo lo que sentía. Reflexionando sobre todo lo que estaba pasando. Cuando volvió a abrirlos, suspiró.

—Sigo sin entender qué sentido tiene el boxeo para ustedes… —admitió—. Pero sé que es su sueño… y no puedo quitárselo a ninguno de los dos.

Isabella bajó la mirada, y por primera vez desde que abrí la puerta, su postura perdió rigidez.

—Lo siento… —dijo al fin, con un suspiro leve—. Todo esto fue demasiado rápido.

Nadie respondió de inmediato.

—Cuando hablamos antes… era solo una posibilidad —continuó, llevándose una mano al pecho—. No pensé que se volvería real tan pronto.

Levantó la vista hacia Luna, y esta vez ya no había dureza, sino una preocupación más honesta.

—Y sé que no llevamos tanto tiempo de conocernos… pero… —hizo una pequeña pausa, como buscando las palabras— te he tomado mucho cariño. Más del que esperaba.

Luna parpadeó, sorprendida.

—Solo… me asusté —admitió Isabelle—. Tal vez exageré. Sé que no eres una niña. Puedes decidir por ti misma… igual que yo.

El ambiente se suavizó, como si alguien hubiera abierto una ventana.

Luna dio un paso al frente—. Grazie… —dijo con una sonrisa más tranquila—. Isabelle.

Dudó un segundo antes de continuar.

—Y yo… también te quiero.

Isabella no respondió con palabras, pero su expresión lo dijo todo. Una pequeña sonrisa temblorosa se dibujó en sus labios.

Aproveché el momento para intervenir.

—Voy a cumplir lo que prometí —dije con firmeza—. No voy a exponerla a daños innecesarios. —Ambas me miraron—. Y si veo que la pelea se pone fea… tiraré la toalla.

Luna asintió de inmediato—. Sí. Sono d'accordo.

No hubo resistencia en su voz, solo determinación y confianza.

Isabelle dejó escapar el aire lentamente, como si por fin pudiera soltar parte de la tensión que llevaba encima.

Isabella asintió despacio, como si terminara de tomar una decisión por dentro.



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En el texto hay: boxeo, accion, romace

Editado: 30.07.2026

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