Luna
Me acerque con cuidado, con la guardia cerrada. Podía ver a Madison mover levemente su cuerpo como un péndulo, con la guardia semiabierta.
Una sensación de peligro recorrió mi cuerpo deteniéndonos a unos metros “Es diferente a los sparrings con jonathan” Pensé lanzando un jab que ella detuvo con la palma de su guante. “También es diferente a los sparrings que he tenido antes”.
Un cruzado chocó contra mi guardia, la mirada de Madison estaba fija en mí. Y de repente un uppercut me hizo retroceder.
Di un paso atrás y subí mi guardia de nuevo “Tengo que empezar a responder”. Avance, lanzando un par de jabs, Madison volvió a desviarlos con su guante.
Note un leve retroceso en su mano izquierda. Un cruzado. Me desplacé hacia la derecha como Jonathan me había enseñado, y al instante conecté un gancho de izquierda en la cabeza de Madison, seguido de un cruzado que apenas la rozó.
Ella había retrocedido escapando del golpe. Acomodo su careta rápidamente antes de volver a subir la guardia.
“Conecté un golpe limpio”. Pude sentir cómo una pequeña sonrisa se dibujaba en mi rostro. La emoción y la alegría de haber respondido me envolvieron por completo.
Acorté la distancia. Tengo que seguir el ritmo. Comencé a marcar jabs y cruzados, igual que ella. Durante varios intercambios nos limitamos a medir la distancia, lanzando de vez en cuando alguna combinación para probar la defensa de la otra. Yo lo estaba dando todo, utilizando las bases que mi padre me había enseñado junto con las correcciones que Jonathan y el señor Knox me habían dado. Sin embargo, en el fondo sabía que Madison seguía analizándome. Aún no estaba peleando en serio.
La campana sonó y ambas regresamos a nuestras esquinas.
Jonathan me esperaba con una toalla y una botella de agua. Su rostro irradiaba entusiasmo.
—Vas muy bien, Luna —dijo mientras me sujetaba por el hombro y me secaba el sudor del rostro—. Solo quedan dos rounds más. Intenta moverte más, muéstrales que estás lista para ser profesional.
Sus palabras hicieron que la emoción volviera a golpearme. Una pequeña lágrima de felicidad recorrió mi mejilla. Apreté los puños con fuerza y asentí con energía.
Jonathan me dio un poco de agua antes de palmear mis hombros y bajar de la orilla del ring.
“Solo faltan unos segundos para que vuelva a sonar la campana”.
Madison ya estaba lista, dando pequeños saltos sobre la lona mientras mantenía la mirada fija en mí.
Aquellos segundos me parecieron eternos. Podía sentir las miradas del señor Knox y de José observándonos desde fuera del ring. Era una sensación inquietante. No importaba cuánto intentara concentrarme, una parte de mí no podía dejar de preguntarse qué estarían pensando.
La campana sonó.
Arremetí contra ella lanzando jabs, intentando obligarla a retroceder.
Madison era rápida. Absorbía parte de los impactos con la guardia mientras daba pequeños pasos hacia atrás y desviaba mis golpes hacia los costados.
Uno de mis cruzados de derecha chocó contra su guardia con suficiente fuerza para empujarla ligeramente hacia atrás.
“Es una oportunidad”. Intenté continuar con un gancho de izquierda. El golpe impactó en su hombro, pero en ese mismo instante sentí un fuerte impacto en la cabeza.
Me tambaleé. Un contragolpe. Madison no desperdició la apertura. Un gancho me golpeó la careta y un cruzado pasó rozando mi mejilla apenas un segundo después. Retrocedí levantando la guardia mientras intentaba recuperar el equilibrio.
Aquello era muy diferente a cualquier sparring que hubiera tenido antes.
Con Jonathan podía intercambiar golpes, equivocarme y aprender durante el proceso. Incluso cuando aumentaba la intensidad, siempre sentía que estaba entrenando junto a alguien que buscaba ayudarme. Con Madison era distinto. Cada error tenía una respuesta inmediata. No había espacio para distraerse.
Volví a avanzar. Intercambiamos golpes. Logré conectar algunos a los guantes y al cuerpo, pero Madison parecía leer cada una de mis intenciones. Varias veces preparé un ataque convencida de haber encontrado una oportunidad, solo para descubrir que ella ya había calculado mi movimiento.
“¿Esto es lo que el señor Knox esperaba de mí?” La duda comenzó a crecer dentro de mí. “¿Estoy haciéndolo bien? ¿Estoy demostrando algo?”
Intenté ignorar esos pensamientos y seguir boxeando, pero la presión de saber que José y el señor Knox estaban observando cada movimiento me pesaba cada vez más.
Madison conectó un jab que me hizo retroceder un paso. Después otro.
Apreté los dientes y respondí con una combinación al cuerpo y a la cabeza que logró obligarla a cubrirse durante unos segundos. No fue suficiente para tomar el control, pero me hizo recuperar algo de confianza.
Los segundos siguieron pasando. Mi respiración comenzó a volverse más pesada. Los brazos me pesaban y las piernas ya no respondían con la misma rapidez que al inicio del round. Aun así seguí avanzando, negándome a ceder.
Editado: 14.08.2026