Hasta el último golpe

Por qué esperar

Jackson

—¡Damas y caballeros, den la bienvenida al hombre que está redefiniendo el boxeo moderno! ¡El campeón invicto! ¡El futuro libra por libra! ¡Jackson Foster!

Los aplausos estallaron como una ola imposible de contener.

Las luces doradas del salón se reflejaban en los enormes candelabros suspendidos sobre cientos de invitados vestidos con trajes y vestidos que costaban más de lo que la mayoría de las personas ganaba en un año. Las cámaras apuntaban hacia mí desde todos los ángulos posibles. Algunos intentaban conseguir una fotografía; otros simplemente querían decir que estuvieron cerca de mí.

Avancé por la alfombra mientras varias personas extendían guantes, fotografías y cualquier objeto que pudiera llevar mi firma.

Firmé sin siquiera mirar, un garabato rápido. Otro y otro más.

La multitud no quería una dedicatoria personal. Querían una prueba de que habían estado cerca de mi.

Las enormes pantallas distribuidas por el lugar mostraban imágenes de mis combates. Nocauts espectaculares. Rivales desplomándose sobre la lona. Árbitros deteniendo peleas que parecían más una masacre.

Cada video, cada repetición alimentaba mi satisfacción.

Mi mirada se detuvo en una de las pantallas. Reconocí aquella pelea de inmediato. Jonathan. Una sonrisa se dibujó en mi rostro.

En la grabación, él intentaba mantener la distancia mientras yo avanzaba con tranquilidad. Incluso desde las imágenes era evidente la diferencia entre nosotros.

El video mostró el instante exacto en que mi derecha impactó su mandíbula. Su cabeza giró violentamente. Su cuerpo se desplomó como una bolsa de basura.

La arena completa rugió cuando la repetición apareció desde distintos ángulos. Una y otra y otra vez.

No pude evitar sentir cierta diversión.

Desde que conocí a Jonathan, me había molestado esa seguridad y calma suya. Como si su esfuerzo pudiera compensar una falta evidente de talento.

La vida no funcionaba así. Algunas personas nacían para seguir. Otras para liderar. Y unas pocas nacían para dominar… Como yo.

Continué caminando.

A mi alrededor se alzaban arreglos florales gigantescos y mesas cubiertas de cristal y plata. Empresarios, promotores, celebridades y periodistas conversaban entre ellos, pero sus miradas terminaban regresando a mí.

Era imposible ignorarme. Podía sentirlo, la admiración, la envidia, el deseo de ocupar mi lugar, de ser yo.

Podía sentir como una gran sonrisa se dibujaba en mis labios.

Lástima para ellos.

Levanté la vista hacia otra pantalla donde aparecía una recopilación de mis mejores momentos. Campeonatos. Entrevistas. Portadas de revistas.

Mi nombre brillaba sobre todos ellos. Jackson Foster.

La sangre me hervía, la piel me picaba, esa sensación, la sensación de saber que era el hombre más fuerte e importante en escena. El hombre que conquistó el boxeo. Era embriagante.

El pensamiento de que quizá pronto tendría que buscar algo más grande. Algo que siquiera me hiciera sudar. Algo nuevo.

Mi mente se estaba nublando por el éxtasis, los invitados se distorsionaban ante mis ojos.

Entonces la vi, entre la multitud. Mi paso se ralentizó.

Su cabello oscuro y un vestido elegante que le hacía juego. Una expresión tranquila que contrastaba con el entusiasmo exagerado de quienes la rodeaban.

Isabelle.

Durante un instante, todo el ruido pareció alejarse. Los aplausos, los murmullos, incluso la voz del locutor.

Ella permanecía inmóvil entre la gente, observando hacia mi dirección.

Mi rostro se suavizó, curioso. Entre cientos de rostros, fue el suyo el único capaz de llamar mi atención. Y eso, por alguna razón, me gustó.

La observé durante unos segundos mientras avanzaba entre la multitud. Cada paso parecía natural, elegante.

Las personas se apartaban de su camino como si ella dominara en aquel lugar tanto como yo.

Cuando finalmente llegó hasta mí, se detuvo a escasos centímetros. Su sonrisa era suave. Una sonrisa que nunca le había visto dedicarle a nadie más que él.

—Felicidades, Jackson —Su voz embullo el ruido del salón.

Una ligera risa escapó de mis labios como respuesta.

—Aunque supongo que ya estás acostumbrado a escuchar eso.

—Es algo obvio —respondí, acomodando mi cabello.

Ella negó con la cabeza—. Es verdad. Todo el mundo habla de ti —dijo, soltando una dulce risa—. Es un hecho que los halagos te sobran.

Su mirada recorrió brevemente las pantallas gigantes. En una de ellas volvía a aparecer una repetición de uno de mis nocauts.

—Nunca había visto algo así —sus ojos brillaban con una intensidad.

—¿Así cómo?

Tras mi pregunta. Volvió la mirada hacia mí, sus ojos se clavaron en los míos y una sonrisa enorme se formó en sus labios—. Dominio absoluto.



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En el texto hay: boxeo, accion, romace

Editado: 14.08.2026

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