Jonathan
29 de julio de 2006…
Isabelle observó la hora en la pantalla de su teléfono y luego levantó la vista hacia mí, mientras se ponía de pie .
—Es hora de irnos si no queremos llegar tarde. —Su voz sonó normal pero, había un pequeño titubeo.
Sabía que algo no andaba bien. La forma en que sostenía el teléfono con ambas manos, la rigidez de sus hombros y esa pequeña vacilación antes de hablar. Estaba asustada.
Guardé silencio unos segundos antes de negar con la cabeza.
—Bueno, será mejor que me vaya entonces —Dije, haciéndola tomar asiento con cuidado— Descansa un poco más, ¿si?
Isabelle parpadeó. Confundida por mi acción.
—Jonathan...
—Esta vez iré solo. —Acaricie su pelo con un movimiento suave— Después de todo lo que pasó, no quiero que él esté cerca de ti. —Sentí un pequeño peso con esas últimas palabras. Ese matiz de ira que aparece al recordar o hacer referencia a aquel animal.
Ella bajó la mirada. Sabía solo quería ayudarme pero, tambien sabia muy bien que ella tampoco quería estar en ese lugar
—Está bien. —murmuró. Una pequeña lágrima recorrió su mejilla, y con un movimiento rápido la limpió.
Sentí un nudo en el pecho. Isabelle estaba intentando ser fuerte. Fingir que podía soportarlo. Pero el recordar la afectaba demasiado.
Tomé sus manos entre las mías.
—No tienes que demostrarle nada a nadie.
Sus ojos se encontraron con los míos. En un instante se arrojó contra mí en un abrazo, los sollozos no tardaron en llegar.
Respondí el abrazo. Temblaba, frágil.
—Todo estará bien, Cariño.
Luna, que había permanecido observando la escena desde el otro lado de la sala, levantó una mano.
—Yo me quedaré, contigo Isabelle.
Isabelle giró la cabeza hacia ella—. Luna, no hace falta. Se que querias ir a la conferencia.
Luna cruzó los brazos, negando con la cabeza—. Eso, ya no importa.
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Isabelle por primera vez en toda la mañana.
Y aunque el miedo seguía allí, oculto detrás de sus ojos, verla sonreír aunque fuera por unos segundos alivió parte de la presión que llevaba encima.
Apreté suavemente su mano.
—Volveré pronto.
Ella asintió y me despidió con un beso.
Tomé las llaves de mi auto y conduje hasta el gimnasio, donde el señor Knox y el campeón me esperaban en su propio auto.
En el momento que me vieron por el retrovisor. Hicieron una señal con la mano de que los seguirá, y así lo hice.
El corazón me latía muy rápido. Sabía que me dirige a ese lugar donde él se encontraba.
Seguí el auto del señor Knox, durante todo el trayecto.
Las luces de la ciudad se reflejaban sobre el parabrisas mientras mantenía las manos aferradas al volante. La sala de convenciones se miraba a la cercanía. Una multitud más grande que la de mis anteriores visitas a ese lugar se expanden en la entrada. Varias camionetas de medios de comunicación ocupaban el estacionamiento, y una multitud de reporteros esperaba con sus cámaras y micrófonos en alto.
El señor Knox estacionó primero y descendió de su vehículo. Yo hice lo mismo apenas unos segundos después.
Cerré la puerta con más fuerza de la necesaria.
—Jonathan.
Su voz me detuvo antes de que pudiera avanzar. Me giré hacia él. El señor Knox me observó durante unos segundos, como si pudiera leer lo que estaba pasando por mi cabeza.
—Guarda la calma hasta la pelea muchacho. No desperdicies energía aquí.
Solté una breve exhalación por la nariz.
—Estoy calmado.
Su mirada dejó claro que no me creyó.
—No pierdas el control —su mirada era dura y autoritaria. Parecía una orden.
Desvié la vista hacia la entrada del edificio.
Pensé en Isabelle, en cómo había intentado mantenerse fuerte durante los últimos días, incluso cuando las noticias y las redes sociales parecían empeñadas en convertirla en una mentirosa.
Pensé en el miedo que había visto en sus ojos aquella noche. Y una parte de mí deseó que la pelea fuera en ese mismo instante.
—Lo intentaré —respondí finalmente.
Mi entrenador asintió.
Entramos al edificio acompañados por personal de seguridad. Apenas crucé las puertas, los flashes comenzaron a dispararse desde todas las direcciones.
Las preguntas llegaron incluso antes de entrar al salón principal.
—¡Jonathan! ¿Qué opina sobre el informe policial?
—¿Cree que la investigación fue cerrada demasiado pronto?
—¿Tiene algo que decir sobre las declaraciones que sugieren que el encuentro pudo haber sido consensuado?
Editado: 06.09.2026