Hasta el último respiro

El comienzo del fin

—En redes sociales se ha hecho viral un video en donde se muestra un acto de canibalismo —informó la reportera con un tono demasiado robótico para lo que acababa de decir, como si fuera algo de todos los días.

Arrugué la nariz. Desagradable.

—Ahora con más de un millón de reproducciones, las personas comienzan a cuestionar lo que realmente está pasando. El gobierno afirma que solo son bromas elaboradas para fomentar desorden y que no hay motivo de preocupación.

Y sin más, mostraron el dicho video, la calidad era muy mala, pero no lo suficiente como para ocultar los detalles más tenebrosos. El hombre estaba encorvado sobre el cuerpo inerte, la ropa de su víctima hecha jirones, las manos temblorosas mientras arrancaba...

Ok, ya había visto suficiente. Qué horror.

Genial. Lo único que faltaba. ¿Zombies? ¿Aliens? ¿El regreso de los dinosaurios?

—Ugh, ¿qué es eso? —preguntó mi hermana menor al llegar a la cocina.

—El fin del mundo, aparentemente —me encogí de hombros.

—¡Qué emocionante!—respondió ella sin ninguna preocupación.

—No sean tontas —intervino mi madre, que también tenía aspecto de recién despertar, mientras se servía café—. Siempre están inventando cualquier cosa para ganar dinero o fama. ¡O los dos!

—Yo lo veo muy real —murmuró Maddi con la boca llena de cereal, estirándose para abrir el refrigerador y sacar jugo.

—Tú ves todo muy real, hace unos días estabas segura que los gatos podían predecir terremotos —me burlé y ella me puso mala cara—. Oye, pásame juguito a mí también.

Mi madre, a punto de tomar un sorbo de café, abrió los ojos de golpe.

—¿¡Hoy es 22!?

—¿Sí...?

—¡Hoy llegan Dan y Rosie!

Maddi me miró sonriente y yo la miré a ella, después dirigí la mirada hacia mi mamá y le apunté con la cuchara.

—¿Acaso te olvidaste de tu hija? —me burlé.

Ella me miró con los ojos entrecerrados y se acercó al calendario colgado en la pared amarilla de la cocina y debajo del número 22 estaba escrito el nombre de mi hermana mayor y su esposo con marcador rosa brillante.

—¿Sabes lo que significa eso, querida Scarlett?

—¿Qué significa, querida Maddison?

—Que somos las hijas favoritas

Mamá pasó por el lado de Maddi golpeándole la cabeza con una revista y mi hermana comenzó a reírse.

—Maddi, tu papá tendrá que llevarte a tus prácticas de fútbol. Yo voy a tener que hacer compras.

—De último momento porque se te olvidó que tenías otra hija —canturreó Maddi y comenzó a reírse de nuevo pero se calló cuando mamá la amenazó con la revista de nuevo.

En ese momento mi papá entró sonriente a la cocina mientras acomodaba su corbata.

—Buenos días, señoritas —saludó acercándose a la mesa del comedor.

—¿Sabes qué día es hoy? —le preguntó mi mamá y él enarcó una ceja.

—¿Viernes?

Maddi y yo aguantamos la risa mientras mamá pasaba por su lado, dándole un par de palmaditas en el hombro con aire resignado y subió las escaleras con su taza de café. Mi padre nos miró confundido y Maddi le señaló el calendario con un gesto exagerado.

Mientras ellos discutían sobre quién era la hija favorita, presté atención a las noticias, ya habían parado de hablar de teorías conspirativas acerca del fin del mundo.

—Nos informan que en la carretera principal de Noxbell hubo un accidente. Dos buses que transportaban a extranjeros universitarios chocaron, causando más de 32 heridos y, hasta ahora, 11 muertos.

Vaya motivación para empezar el día.

Revisé mi celular, que tenía la batería baja, como siempre. Justo en ese momento, me llegó un mensaje de mi mejor amiga, Stephanie.

<<Vamos a comer helado hoy??>>

<<No puedo, después de clases trabajo en la cafetería>>

No tardó mucho en responder.

<<Entonces después de tu turno, Josh invita esta vez>>

<<Va a terminar en bancarrota por nuestra culpa>>

Dejé mi celular en la mesa cuando Maddi se acercó a mí con una sonrisita.

—Hermanita, querida y adorada...

—No te voy a dar dinero.

—¡Después de las prácticas iremos a comer hamburguesas! —la miré con aburrimiento y ella hizo un puchero.

—Oh, pobre de ti —puse los ojos en blanco y volví a revisar mi celular, ignorándola. Más teorías en Twitter sobre zombies, virus y el colapso de la civilización. Lo mismo de siempre.

—Paadre, queridísimo padre...

Papá la miró de reojo, conociendo perfectamente sus intenciones.

—No te voy a dar dinero.

—¡Ugh, nadie me apoya en esta casa!

Solté una risa mientras mi celular marcaba 24% de batería.

Definitivamente no iba a sobrevivir el día.

⋆★⋆

Al llegar a la escuela, los pasillos estaban extrañamente vacíos. Algo dentro de mí lo notó de inmediato, pero decidí ignorarlo. Como siempre, llegaba un poco tarde, así que apresuré el paso hacia mi salón de clases. Al entrar, fruncí el ceño: faltaba más de la mitad de mis compañeros. ¿Qué demonios pasaba hoy?

Me dirigí a mi asiento habitual junto a Stephanie, que ya tenía el celular en la mano, los ojos fijos en la pantalla.

—¿Ya viste el nuevo video? —preguntó en cuanto me senté.

—Hola Steph, yo estoy muy bien, gracias. ¿Y tú? —respondí con mi mejor tono sarcástico.

—Sí, sí, como sea —me ignoró con un gesto de la mano antes de sonreír—. ¿Lo has visto?

—Nop, ¿de qué hablas?

Antes de que pudiera sacar mi celular, la profesora de lenguaje, mejor conocida como "Señorita Felicidad", entró al salón con su sonrisa habitual.

—Guarden sus celulares, chicos —pidió mientras se dirigía a su escritorio.

Resoplé y me dejé caer en mi asiento con resignación. Dos largas horas de clase nos esperaban. Durante ese tiempo, apenas presté atención a lo que decía la profesora. En cambio, mi mente vagaba: el extraño video de la mañana, los mensajes conspirativos y la rara calma que se sentía en la escuela. Algo no cuadraba.




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