Hasta el último respiro

Moretones y secretos

Me removí en la incómoda bolsa de dormir, los ronquidos de los demás no ayudaban a conciliar el sueño, definitivamente. Intentaba acomodarme una y otra vez, pero nada funcionaba. Creí que después de una semana podría acostumbrarme al menos un poco, pero no. Cada vez que cerraba los ojos, mi mente no paraba de dar vueltas, pensaba en mi familia y qué pudo haberles pasado.

Habían rumores que hablaban de evacuaciones, supuestamente, la gente del pueblo había sido trasladada a lugares seguros. Y aunque creer que mi familia estuviera a salvo me daba algo de consuelo, mi cabeza no podía dejar de preguntarse si realmente estaban bien.

Me acomodé otra vez en la bolsa y desvié mis pensamientos a lo último que había pasado en la escuela: Las remodelaciones.

Los salones de clase cambiaron por completo de un día a otro, ahora eran dormitorios improvisados en donde se acumulaban las bolsas de dormir. La entrada principal estaba bloqueada por sillas y mesas apiladas de manera desordenada y la única puerta que no estaba obstruida por distintas cosas era la trasera pero siempre la resguardaban militares.

De vez en cuando llegaba gente nueva, personas que nunca había visto, aun cuando en el pueblo en donde vivimos no era muy grande y todos se conocían. Poco a poco el colegio se iba llenando, y no solo de estudiantes; habían ancianos, adultos, niños e incluso bebés. Todos con una historia de terror distinta que contar y aunque no me atrevía a preguntar demasiado, el ambiente pesado entre los nuevos era evidente. Había algo en sus miradas que delataba que habían visto demasiado.

Pasé mis manos por mi cara, frustrada. No había dormido absolutamente nada y lo más seguro es que estaría de mal humor más tarde. La única solución racional que vi en ese momento fue levantarme y sin pensarlo mucho me escabullí hacia el pasillo, cuidando de no pisar a nadie ni tropezar con alguna mochila. No quería hacer ruido y mucho menos que todo el mundo se despierte.

Al llegar al pasillo, me dejé caer al suelo, apoyándome contra la pared. Todo estaba oscuro y en silencio aunque este se cortaba por algún suspiro lejano o el sonido de pasos de los guardias. Abracé mis piernas y cerré los ojos con fuerza, como si eso pudiera apagar los pensamientos que no me dejaban dormir.

—¿Scay? ¿Estás bien? —reconocí la voz de Stephanie y al levantar la vista me encontré con mi amiga.

—Estoy respirando, eso cuenta, ¿verdad? —ella se acercó y se sentó al lado mío esbozando una sonrisa.

—Bueno, eso es un avance.

—¿Tampoco puedes dormir?

Negó con la cabeza.

—Hace mucho frío —suspiró y se abrazó a ella misma—. Y además roncan mucho.

Reí bajito y luego ladeé la cabeza, extrañada.

—¿No es muy pronto para que empiece el invierno? Se supone que estamos en verano.

—Sí, pero la verdad no me sorprendería que de la nada los aliens nos invadieran —ella soltó una de sus típicas risillas y apoyó su cabeza en mi hombro.

—¿Sabes? A veces siento que estamos atrapados en una pesadilla, aún no creo todo lo que está pasando...

—Yo tampoco —murmuró, dándome un apretón en la mano—. Pero hey, vamos a estar bien. Estamos juntas en esto.

—Nuestra amistad es literalmente hasta el fin del mundo —bromeé y ella soltó una carcajada—. Oye Steph... ¿Puedo hacerte una pregunta?

—Obvio.

—Sabes que te adoro, amiga... Pero, ¿cómo haces para siempre ser tan optimista? Digo... todo se está derrumbando a nuestro alrededor y tú sigues tranquila.

Ella analizó la pregunta por unos segundos, seguro se esperaba cualquier pregunta menos esa.

—Yo... No lo sé, Scay. Siento que si entro en pánico no me ayudaría en nada... —su voz sonaba suave, pero segura—. Lo único que tengo control es en cómo reacciono a lo que pasa y si me dejo arrastrar por el miedo, todo será peor. Así que trato de aferrarme a las cosas que puedo manejar, aunque sea solo mi actitud.

Me quedé en silencio, sin saber muy bien qué decir... Pero Stephanie no estaba esperando a que le diga nada, ambas comprendíamos que lo que estaba sucediendo no era fácil, pero juntas, podría hacerlo más llevadero

⋆★⋆

—Oigan... Oigan, despierten —escuché la voz lejana de alguien a quien no me molesté en reconocer, no quería abrir mis ojos—. Scay, por todos los dioses... Duermes como un maldito tronco.

—¿Mmm? Déjame tranquila.

—Si te dejo tranquila, te vas a quedar sin desayuno —abrí los ojos y me encontré a Jackson arrodillado, juzgándonos con la mirada. Steph, que también estaba despertando recién, se frotó los ojos.

—¿Qué...?

—¿Saben? Nos han dado bolsas de dormir por algo —Jackson nos ayudó a levantarnos para luego empezar a caminar hacia las escaleras, fuimos justo detrás de él.

—No nos fastidies —murmuró Steph, bostezando.

—Josh me advirtió que eran malhumoradas al despertar, no creí que tanto.

—Oh, cállate, señorito "me levanto muy temprano porque soy muy responsable" —murmuré yo, esta vez, Jackson solo se rió.

—¿Los demás ya están en el comedor?

—Sip. Hace un bueen rato.

Llegamos al comedor y los tres nos dirigimos a la barra donde debíamos recoger nuestra comida. En una de las mesas del fondo estaban nuestros amigos, pero había una chica que no reconocí sentada con ellos.

—Jacks... ¿Sabes quién es? —pregunté, señalando disimuladamente con la cabeza hacia la mesa, él se giró para saber a qué me refería.

—Ni idea, me imagino que recién la conocen. Hoy en la mañana llegaron más personas.

Llegó nuestro turno de recoger la bandeja con el desayuno, que consistía en un pan relleno con algo que parecía queso y un vaso que contenía un líquido medio verdoso.

Apetitoso.

—¡Buenos días! —saludó Josh cuando nos sentamos—. Ella es Marie, vino con el grupo de la mañana.

Una chica de tez negra y semblante distante, estaba cruzada de brazos mirando fijamente el vaso con contenido dudoso. Llevaba una gorra de lana morada, nosotras la saludamos, ella no nos miró pero hizo un gesto con la cabeza en respuesta.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.