Hasta encontrarte.

Tras Esa Sonrisa

Él le entregó el último documento que había caído al suelo y dio un paso atrás.
—Espero que no se haya perdido nada.
—No, creo que está todo.
Durante un instante ninguno habló. El sonido de las olas y la brisa marina llenaban el silencio.
Adrián observó la maleta junto a ella.
—¿Es su primera vez en Puerto Azul?
—¿Se nota tanto?
Por primera vez, una ligera sonrisa apareció en el rostro de él.
—Los turistas siempre miran el mar y los que viven aquí ni siquiera lo notan.
Valeria dirigió la vista al horizonte.
—Es hermoso.
—Lo es... hasta que aprendes que el mar también sabe quitar.
Aquella respuesta la dejó confundida.
Antes de que pudiera preguntar a qué se refería, una mujer salió apresurada del hotel.
—¡Señor Salazar! Lo estaban buscando para la reunión.
Valeria frunció el ceño.
¿Señor Salazar?
Él simplemente asintió.
—Ya voy.
Se volvió hacia ella.
—Que tenga un buen día, señorita López.
Y se marchó sin añadir una palabra más.
Valeria lo siguió con la mirada hasta verlo desaparecer dentro del edificio.
—Qué hombre tan extraño... —murmuró.
—¿Extraño? Yo diría que imposible.
La voz la hizo girarse.
Una joven de cabello castaño y sonrisa brillante estaba apoyada en la recepción.
—Hola. Soy Emma, la recepcionista.
Valeria sonrió.
—Mucho gusto.
Emma la abrazó como si la conociera desde hacía años.
—¡Por fin llegaste! Pensé que cancelarías el trabajo.
—Necesitaba empezar de nuevo.
Emma notó la tristeza en sus ojos, pero decidió no preguntar.
—Ven. Te enseñaré el hotel.
Mientras recorrían los pasillos, Valeria quedó maravillada. El lugar era elegante, con enormes ventanales que permitían ver el océano desde casi cualquier rincón.
—¿Y quién es el señor Salazar? —preguntó con aparente indiferencia.
Emma soltó una pequeña risa.
—El dueño.
Valeria abrió los ojos.
—¿El dueño?
—Sí. Adrián heredó el hotel de su padre hace unos años. Todos aquí lo respetan.
—Parece muy serio.
—Porque lo es. Trabaja demasiado y casi nunca sonríe.
—¿Tiene esposa?
Emma negó con la cabeza.
—No. Aunque muchas quisieran cambiar eso.
Valeria fingió desinterés.
—Solo preguntaba.
—Claro... solo preguntabas.
Las dos rieron.
Después de instalarse en la habitación destinada al personal, Valeria deshizo su maleta.
Sacó una fotografía enmarcada.
En ella aparecía abrazando a Daniel.
La observó unos segundos.
Sin pensarlo dos veces, abrió el cajón de la mesa de noche y la guardó boca abajo.
—Ya no.
Era hora de dejar el pasado donde pertenecía.
Esa misma tarde comenzó su primer recorrido por el hotel.
Al llegar a una de las terrazas, encontró nuevamente a Adrián.
Estaba solo, mirando el mar.
Parecía completamente ajeno al mundo.
Valeria estuvo a punto de marcharse para no interrumpir.
Pero justo cuando dio un paso hacia atrás, el tacón de su zapato quedó atrapado entre las tablas de madera.
—¡Ay!
Perdió el equilibrio.
Antes de caer, unos brazos fuertes la sostuvieron por la cintura.
Sus rostros quedaron a pocos centímetros.
Los ojos color miel de Adrián volvieron a encontrarse con los de ella.
Por un instante, el tiempo pareció detenerse.
—¿Siempre tiene esa costumbre de meterse en problemas? —preguntó él con una media sonrisa.
Valeria sintió que el corazón le latía con fuerza.
—No... creo que solo cuando usted está cerca.
El silencio volvió a instalarse entre ambos.
Y, por primera vez en mucho tiempo, Adrián sonrió de verdad.



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En el texto hay: secreto, drama, segundaoportunidad

Editado: 30.06.2026

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