El rugido de los motores inundaba el pit lane mientras los monoplazas cruzaban la recta principal a toda velocidad. Era viernes por la mañana en el Sochi Autodrom, antepenúltima ronda de la temporada 2021 de la Fórmula 3, y los coches empezaban a acumular vueltas en la sesión de entrenamientos libres. La luz dorada de la mañana se reflejaba en el asfalto, y el aire olía a goma quemada y combustible de alto octanaje.
En el box del equipo Carlin Motorsport, el zumbido de los generadores, los clics de herramientas y el leve crujido de las estructuras metálicas eran parte de una sinfonía ya familiar para Fran Jiménez. A sus dieciocho años, el piloto español ya se sentía más en casa allí que en cualquier otro lugar. A su izquierda, Emily O'Reilly ajustaba la cremallera del mono de carrera con la concentración de un cirujano.
—¿Te has aprendido al fin la curva ocho o sigo esperando el milagro? —dijo Emily sin levantar la vista, mientras se acomodaba los guantes.
Fran se giró desde la pantalla de telemetría y sonrió de lado.
—La tengo dominada. Tú preocúpate por no pasarte de frenada otra vez en la dos.
Emily resopló con una sonrisa. Era la misma rutina antes de cada sesión: un pequeño duelo verbal cargado de ironía, pero también de afecto. Quienes los veían recorrer el paddock de circuito en circuito solían pensar que llevaban años siendo amigos. En realidad, bastó solo una temporada como compañeros de equipo para que aquella complicidad surgiera de forma natural.

La llamada para la simulación de clasificación interrumpió la conversación. Los mecánicos se activaron de inmediato, preparando los coches mientras los ingenieros revisaban por última vez las pantallas.
David, el ingeniero de Fran, se inclinó sobre el cockpit antes de que colocaran el volante.
—Dos vueltas para preparar los neumáticos. En la tercera, empujas. Queremos una referencia con poco combustible.
Fran asintió y terminó de ajustarse los guantes mientras el volante cobraba vida frente a él con una constelación de luces y números.
En el box contiguo, Emily ajustaba el HANS a su casco antes de subir al monoplaza.
—Plan A —le indicó Adam, su ingeniero—. Pero concéntrate en el tercer sector. Ahí seguimos perdiendo tiempo.
—De acuerdo —contestó Emily.
Los dos Carlin abandonaron el box con pocos segundos de diferencia. El 5 de Fran se incorporó primero a la pista; detrás, el 3 de Emily hizo lo propio cuando encontró un hueco en el tráfico.
En una de las pantallas del muro de boxes aparecía la clasificación provisional del campeonato.
3rd — Fran Jiménez — Carlin.
Las opciones de pelear por el título eran remotas, pero seguían existiendo. Con tres fines de semana todavía por disputarse, cada punto seguía teniendo mucho valor.
La temporada siguiente competiría en Fórmula 2. Carlin ya había confirmado su ascenso meses atrás, pero una buena recta final podía hacer que llegara a la categoría con un impulso muy distinto.
Unas líneas más abajo aparecía el nombre de Emily.
8th — Emily O'Reilly — Carlin.
Para ella, la temporada tenía otro objetivo. Acumular kilómetros, aprender, demostrar consistencia. El equipo ya había confirmado que continuaría en Fórmula 3 la temporada siguiente, puliendo su pilotaje y preparándose para cuando llegara el momento de dar el siguiente paso.
Su calendario, sin embargo, no se limitaría a la Fórmula 3. También tendría la oportunidad de participar en varias jornadas de pruebas en la Indy NXT en Estados Unidos. Eran solo unos test, pero bastaban para acercarla por primera vez al automovilismo americano que tanto la fascinaba. Aunque la Fórmula 1 seguía siendo el gran objetivo de casi todos los pilotos del paddock, Emily nunca había ocultado que algún día le gustaría medirse con los circuitos urbanos, los óvalos y las carreras imprevisibles de la IndyCar.
Los últimos minutos de los entrenamientos libres se consumieron rápido. Cuando la bandera a cuadros apareció en las pantallas del circuito, los coches regresaron al pit lane entre el eco de los motores reduciendo marchas.
En poco más de dos horas empezaría la clasificación. Mientras los ingenieros descargaban los últimos datos de telemetría, los mecánicos ya preparaban los coches para el siguiente desafío.
La clasificación comenzó bajo el sol de mediodía. El asfalto resplandecía mientras el viento que llegaba desde el Mar Negro hacía ondear las banderas que rodeaban la inmensa curva tres. En el box de Carlin, las conversaciones desaparecieron casi por completo y cada miembro del equipo ocupó su lugar.
—Traffic in sector two —advirtió David por radio cuando Fran salió del pit lane.
Cada curva confirmaba las sensaciones de los entrenamientos. El coche frenaba con estabilidad, giraba con decisión y encontraba tracción justo donde él la necesitaba.
—Sector one, green —volvió a sonar la radio.
Fran continuó ensamblando la vuelta curva a curva, exprimiendo cada metro de asfalto sin conceder una décima. Cuando cruzó la meta, levantó ligeramente el pie.