Fran salió de la habitación y cerró la puerta con cuidado. Se quedó un momento en el pasillo, apoyado contra la pared, sin saber muy bien qué hacer. El pitido del monitor seguía resonando en su cabeza. Se pasó una mano por la cara y respiró hondo antes de volver a la sala de espera.
Mike levantó la vista cuando lo vio aparecer.
—¿Está despierta?
—Sí.
—¿Ha dicho algo?
Fran dudó un instante.
—Está… tranquila.
No era del todo cierto, pero tampoco era mentira, y en ese momento no tenía fuerzas para matizarlo. Susan cerró el portátil.
—Ya están empezando a circular informaciones sobre Emily —dijo—. De momento no ha trascendido nada concreto, pero empiezan a hablar de una lesión grave.
Mike se quedó pensativo.
—No digas nada todavía.
—De acuerdo.
Susan volvió a mirar la pantalla.
—Patrick llega mañana al mediodía. Le he escrito para contarle lo que sabemos. Y el comunicado lo publicamos mañana a primera hora.
—¿Qué vamos a decir? —preguntó Mike.
—Hablaremos de la operación, de que está estable y de que permanece bajo observación. Nada más hasta que tengamos una valoración médica más completa.
El silencio volvió a instalarse en la sala. La incertidumbre seguía allí, pero había cambiado: ya no esperaban saber qué había pasado, sino qué vendría después.
Al cabo de un rato, la puerta doble del fondo se abrió y dos enfermeros cruzaron la sala empujando una camilla. Fran levantó la vista y durante un segundo solo vio las correas, el collarín y los cables sujetos junto al cuerpo. Después reconoció a Emily. Fran se puso en pie por reflejo y dio medio paso hacia adelante, pero se detuvo enseguida. La camilla siguió su camino por el pasillo hasta desaparecer tras las puertas.
—Van a operarla —dijo Mike.
—Sí.
Poco después, la puerta volvió a abrirse. El doctor Al-Mansour entró en la sala con una carpeta más gruesa bajo el brazo y se acercó a ellos.
—Vamos a intervenirla en los próximos minutos —dijo.
Mike se puso de pie.
—¿Qué van a hacer exactamente?
El doctor asintió levemente, organizando la respuesta.
—Como les había comentado, Emily presenta una lesión inestable en la columna torácica, a nivel de T5. El objetivo de la cirugía es estabilizar la zona mediante fijación interna. Colocaremos tornillos y barras para alinear la columna y evitar desplazamientos adicionales.
Fran permaneció inmóvil, con la mirada fija en el suelo.
—¿Eso mejora la lesión?
El doctor negó con suavidad.
—No. El daño neurológico se debe a la lesión medular en sí, y la cirugía no puede revertirlo.
Hizo una breve pausa antes de continuar.
—Lo que buscamos es evitar complicaciones adicionales y proteger la médula de nuevos desplazamientos. También permitirá que podamos manejar la lesión de forma más segura durante las próximas fases.
—¿Cuánto va a durar?
—Unas cuatro horas, aproximadamente.
—¿Podremos verla después?
—Sí, pero no se los recomiendo inmediatamente. Estará somnolienta y muy agotada por la anestesia y la medicación. Lo mejor sería que descansara y que entraran a verla mañana.
—De acuerdo.
El doctor se despidió con una leve inclinación de cabeza y desapareció tras las puertas.
Cuatro horas.
Fran apoyó los codos en las rodillas y entrelazó las manos. Susan volvió a abrir el portátil. Mike atendió un par de llamadas breves y después se quedó mirando el teléfono, sin hacer nada. Fran apenas se movió de su asiento.
En algún momento, alguien dejó un café frente a él. Cuando finalmente lo probó, ya estaba frío.

Poco después de cumplirse la cuarta hora, la puerta del quirófano se abrió. Los tres se pusieron de pie casi al mismo tiempo cuando vieron salir al doctor Al-Mansour.
—La cirugía ha ido bien.
Fran soltó el aire lentamente.
—Hemos conseguido estabilizar la columna sin complicaciones —prosiguió el doctor—. Ahora permanecerá monitorizada en la unidad de cuidados intensivos mientras se recupera de la anestesia.