Pasaron los meses y Marco presentó una notable mejoría en su salud, tanto física como mental.
Debido al accidente que sufrió, de ahora en adelante debía usar un bastón el cual sostenía todo su peso. Le es muy chocante procesar esta vida de ahora en adelante, depender de un pedazo de madera, pues su peso actual no podía ser sostenido por uno de plástico.
Marco fue dado de alta y Viktor se encargó de llevarlo de nuevo a casa.
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El viaje camino a casa fue silencioso, un tanto incómodo para Marco. A Viktor ya se le hacía costumbre que Marco no dijera nada, tampoco pretendía actuar como si todo lo que pasó no fue culpa suya, Viktor lo sabía perfectamente.
Llegando estando a lo lejos, se podía ver la silueta de Victoria en la entrada por la espera de Viktor. Marco lo notó pero no le dio importancia, en el tiempo que estuvo en el hospital entendió que no le caía muy bien que digamos a Victoria, aunque él no le mantenía ningún rencor.
Viktor estacionó cerca de las escaleras. Abrió la puerta y salió del auto, rodeándolo para acercarse a Victoria. Marco esperaba que le abriera la puerta, cosa que no fue así. Con dificultad habría su puerta, apoyando el bastón en el suelo rocoso algo e inestable.
Subió las escaleras como pudo, aún estaba bajo rehabilitación. Había dado resultados pero no del todo eficientes para su equilibrio.
Desde la puerta una mucama notó el esfuerzo mayor que hacía Marco con cada escalón. No esperó más y se acercó a él, tomándolo por el brazo para brindarle apoyo.
—Muchas gracias —Dijo Marco sonriendo, tomando el apoyo que la mucama le brindaba.
—No hay de que joven —la mucama lo guió hasta la escalera y se detuvo viendo el largo tramo que este debía tomar para llegar a su cuarto. Le sorprendió que el señor Viktor no le allá comunicado sobre algún cambio de habitación, pues el joven Marco no podía subir tantos escalones con un bastón y tan poco equilibrio. La mucama negó con su cabeza algo decepcionada y habló—. Joven Marco, desea que le traslade sus pertenencias a una habitación en la planta baja?
Marco igual que ella miró la cantidad de escalones antes de escuchar atentamente su pregunta.
—Si no le es mucha molestia —Marco dijo esto sonriendo, para después con ayuda de la señora sentarse en el sillón cerca de su nueva habitación.
Mientras la mucama subió a buscar sus cosas. Él se acomodó en el sillón mientras sentía que alguien lo miraba, dirigió sus ojos hacia aquella sensación encontrando se con los ojos de Viktor aún abrazado a Victoria.
—"¿Por qué me mira así? Parece que quiere matarme, o algo así" —Pensó Marco mientras ignoraba la presente mirada de Viktor sobre el.
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Paso una hora de que la mucama había terminado de mudar todas las pertenencias de Marco. No eran muchas, Viktor no se había preocupado ni de buscar las cosas de Marco en su antiguo hogar.
La mucama no conocía muy bien a Marco. Después de casarse con Viktor no lo vio por mucho tiempo, Viktor no se lo permitía ni entendía el porqué pero no le insistiría a su jefe podría despedirla si se entrometía mucho.
La mucama terminó de acomodar las últimas prendas de Marco en unas perchas. Marco se adentró a la habitación.
—Muchas gracias...
—Belinda...me llamo Belinda —Dijo la mucama mientras sonreía para Marco—, puedes decirme Beli o nona, como mejor gustes.
—Claro, un gusto Beli —Marco asintió gustoso. Hace mucho tiempo alguien no lo trataba bien o se preocupaba por el.
A los lejos se escuchó un grito.
—¡Belinda es hora de cocinar! —era Victoria quien estaba algo apurada. Pues dentro de media hora debía ir a una consulta médica.
Belinda miró a Marco e hizo un gesto de despedida y se apresuró a ir a la cocina.
Marco podía notar lo exigente que era Victoria. Parecía una auténtica villana, pensar eso le causó algo de risa sin saber que alguien lo estaba observando desde la puerta.
Era Viktor cruzados de brazos viendo como Marco se reía solo.
Viktor arqueó una ceja confuso al ver como Marco reía de forma silenciosa.
—¿Qué te causa tanta gracia Marco? —preguntó Viktor mientras Marco se paralizaba en su lugar al escuchar su voz.
No se giró, no quería verlo.
Viktor habló de nuevo.
—Tu madre vino a verte, sal a recibirla —fue lo último que Viktor dijo antes de abandonar la habitación, aún curioso por la risa de Marco.
Marco suspiró y miró hacia la puerta donde anteriormente estaba parado Viktor.
Marco se dirigió a la puerta y antes de salir se detuvo un segundo y pensó:
"Mi mamá va a verme con el bastón"
Miro el bastón por unos cuantos segundos antes de pensar en que mentira le diría a su madre, pues no podía contarle nada de lo sucedido en estos meses.
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Marco llego al living, su madre lo miró sonriente antes de difuminar su sonrisa al ver el bastón que acompañaba a Marco.
Se paró apresuradamente hacia su hijo.
—¿Qué fue lo que te pasó bebé? —preguntó helena mientras tomaba entre sus manos el rostro de su hijo.
Marco sonrió y accedió al tacto de su madre, su aroma lo tranquilizaba bastante.
—No es nada mamá —sonreía mientras trataba de no ponerse a llorar frente a su madre.
Helena lo miró a los ojos.
—¿Cómo que nada mi vida? No puedo no preocuparme por ti —dijo Helena antes de girarse a ver a Viktor de forma molesta—. ¿Que fue lo que sucedió?
Viktor notó la molestia en la madre de Marco. Suspiró antes de ocultar sus manos en los bolsillos de su pantalón.
—Se cayó de las escaleras —dijo Viktor con una expresión totalmente tranquila, esperando a que Helena se creyera tremenda mentira.
Helena volvió a mirar a Marco quien tenía un rostro de angustia. Podía sentir en su instinto de madre que eso no era cierto. Pero no podía llegar más lejos con la discusión, así que ablandó su expresión y le dijo a Marco.
—¿Vamos afuera cariño? —Helena enredó su brazo en el de Marco, para llevarlo al patio con ella.