Hasta que La Sociedad Nos Separe

Capitulo 2 | Latidos de mi Corazón

El lunes llegó sin pedir permiso.

El despertador me arrancó de un sueño pesado, sin imágenes. Me vestí casi en automático: el hábito bien acomodado, el cabello recogido, el mismo perfume discreto de siempre. Todo en mí buscaba parecer correcta, ordenada, normal. Salí de mi casa sin desayunar —nunca me daba tiempo, y hoy no sería la excepción. Llegué temprano, como siempre.

Entré a la sala de maestros y entonces la vi. Estaba de pie, mirando hacia la ventana a su costado. Sentí algo en el pecho, breve, incómodo. ¿Qué probabilidad había de volver a encontrarme con la chica de la librería? Me miró. No sé si recordó mi rostro; yo olvidé incluso de respirar. Nuestros ojos se encontraron otra vez, apenas unos segundos, hasta que la voz de la directora nos interrumpió

.—Muy buenos días, maestra Lía. Giré el rostro hacia ella, aunque sentía todavía esa presencia clavada en mí

—Veo que ya se conocieron, ¿no es así?

—Así es, directora, aunque aún no me he presentado —interrumpió aquella chica, volviendo a mí con una calma que me desarmó

—Verónica Castillo Vega, para servirle, señorita...

—Lía —completé

—. Lía Del Valle Villalobos. El gusto es mío. Su mirada me quemaba la piel. No era curiosidad

—era como si viera más allá de lo que yo intentaba mostrar.

.—Bueno, señoritas. Lía, te presento a Verónica, la nueva maestra de música. Asentí sutilmente, hasta que finalmente sentí que aquella presencia se había ido.

—Verónica, ella es Lía, maestra de religión —continuó la directora. Ella asintió de la misma forma que yo. Era extraño volver a vernos. O al menos para mí, después de haberme traído sobre pensando todo este fin de semana. Y sin mas, las tres nos retiramos de la sala de maestros. Pronto empezaría la 1a hora de clases y tendría que repasar mi temario con el que daría clase. Como si fuera a lo único a lo que mis pensamientos se pudieran aferrar.

La segunda hora llego de golpe.

Tome mis cosas para por fin retirarme de aquel aula. Cuando alcé la mirada, la vi de nuevo. Verónica. Ahora sabia su nombre. Me miraba con tranquilidad, generando contraste con su mirada de hace una hora.

—Vaya, creo que me tocará dar clase después de ti los Lunes.—Hablo suave y amigable.

—Pues al parecer si.—Contesté—Pues nos vemos luego señorita Lía. Creo que estos niños están ansiosos de conocerme—Bromeó

¿Y quien no lo estaría? Es una mujer encantadora, el simple hecho de mirarla te cambia la vida.

—Si al parecer si. Si me permite ya me tengo que retirar—Dije suave, con un leve temblor en mi voz.

—Por supuesto Lía. Con todo gusto. Y sin nada mas que decir me retiré, ¿Qué otra cosa debía hacer, verdad? Caminé hacia la otra aula que por cierto, estaba de frente a la que le tocaba ella. Y a decir verdad, daba uno que otro ojo para ver que hacia. Ya que si se alcanzaba a ver.

El receso llegó en un abrir y cerrar de ojos.

Me encontraba en una jardinera, platicando con la maestra Teresa. Quien a era mi amiga después de tanto tiempo de trabajo aquí. Mis ojos buscaban algo que no podía nombrar. Algo que me desconcertaba, que volvía loca. Fue entonces cuando la vi. Verónica. Parada platicando de frente con otro maestro. Se veía tranquila, serena, sin prisa. Estaba recargada sobre una jardinera. Pose que le favorecía a su anatomía. Y aquí estoy yo, tentada a desobedecer todo lo que me enseñaron que estaba mal. Jamás me había sentido así. Y eso, precisamente eso, es lo que más miedo me da.



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En el texto hay: cliche, romance, lesbian

Editado: 01.01.2026

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