Hasta que llegue el invierno

Prólogo

El invierno en Chicago no es simplemente una estación; es mucho más. El frío no solo se filtra por los huesos, sino que congela las intenciones, endurece el corazón y cubre de un manto blanco los pecados que nadie quiere ver.

Adriana observaba la ciudad desde la ventana, el reflejo de sus ojos verdes devolviéndole la mirada de una extraña. En sus manos, el peso de un arma se sentía tan natural como el aliento que empañaba el cristal. Recordó el sonido del metal chocando contra el pavimento, el agua que entraba en sus pulmones hace diez años, el eco de una madre que nunca volvió a hablar y el silencio absoluto de una habitación de hospital donde el tiempo se detuvo para Sally.

No había redención para alguien como ella. Lo sabía cuando aceptó su primer contrato, y lo confirmó cada vez que la sangre manchaba sus manos. Pero el destino, con su ironía cruel, tenía preparado un nuevo jugador en esta partida de ajedrez.

Jin no buscaba una asesina, buscaba una aliada. Y mientras la nieve comenzaba a caer, cubriendo las huellas del pasado, Adriana supo que este invierno cambiaría las reglas del juego. Uno debía caer para que el otro pudiera sostener el poder. Y en esta guerra, la única certeza era que el frío sería el único testigo de su caída.




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