Hasta que llegue tu Carta

Capítulo 5

La tercera carta

El sábado amaneció despejado en Santo Domingo.

Los primeros rayos de sol entraban por la ventana de la habitación de Marla mientras el sonido de los pájaros reemplazaba al ruido de los vehículos. Era uno de esos días tranquilos en los que el tiempo parecía avanzar más despacio.

Después de ordenar su habitación y preparar una taza de café, tomó su computadora portátil.

No abrió ninguna red social.

Entró directamente en la aplicación de cartas.

Respiró hondo.

Era momento de responder.

Durante varios minutos observó la pantalla en blanco sin escribir una sola palabra. Quería que aquella carta transmitiera exactamente lo que sentía.

Finalmente comenzó.

«Hola, desconocido.»

He pensado mucho en las preguntas que me hiciste.

Si pudiera viajar mañana mismo, elegiría Canadá.

No solo por la nieve. Siempre he sentido curiosidad por conocer un lugar tan diferente al mío. Aquí el calor, el mar y las palmeras forman parte de mi vida desde que nací. Imaginar un paisaje completamente blanco me parece casi un sueño.

También me preguntaste cuál es ese sueño que todavía no me atrevo a contar.

Creo que ya es hora de hacerlo.

Sueño con recorrer el mundo.

Quiero conocer personas, culturas, idiomas y lugares que me enseñen que la vida es mucho más grande de lo que vemos cada día.

No quiero viajar solo para tomar fotografías.

Quiero regresar siendo una persona diferente.

A veces siento miedo de no lograrlo.

Pero luego recuerdo que los sueños no se cumplen de un día para otro.

Se construyen paso a paso.

Gracias por responder mi primera carta.

No imaginé que alguien pudiera entender tan bien lo que intentaba expresar.

Ahora quiero hacerte una pregunta.

Cuando eras niño...

¿Qué soñabas con ser?

Con cariño,

Tu desconocida.

Marla leyó la carta una última vez antes de enviarla.

Sonrió satisfecha.

Era la primera vez en mucho tiempo que hablaba de sus sueños con total sinceridad.

Presionó «Enviar» y dejó el teléfono sobre el escritorio.

No esperaba una respuesta inmediata.

Pero ahora sabía que, tarde o temprano, volvería a recibir una.

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A más de tres mil kilómetros de distancia, Noah salía de una librería con una novela bajo el brazo cuando su teléfono vibró.

«Has recibido una nueva carta.»

Su corazón dio un pequeño vuelco.

Sin importar el frío que hacía, buscó un banco en un parque cercano y se sentó para leer.

A medida que avanzaba por las líneas, una sonrisa apareció en su rostro.

Ella quería conocer Canadá.

Y, sin saberlo, acababa de describir exactamente el país donde él había crecido.

Cuando terminó de leer, levantó la vista hacia el cielo cubierto de nubes.

Por primera vez en años, imaginó cómo sería mostrarle a alguien aquellos paisajes que siempre había considerado normales.

Entonces leyó la última pregunta otra vez.

«Cuando eras niño... ¿qué soñabas con ser?»

Aquella simple pregunta abrió una puerta que llevaba mucho tiempo cerrada.

Y Noah comprendió que la respuesta no sería sencilla.




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