Hasta que llegue tu Carta

Capítulo 8

El peso de un adiós

La nieve cubría los árboles del parque mientras Noah permanecía sentado en silencio con el teléfono entre las manos. Había leído la carta de Marla dos veces más, pero seguía detenido en la misma pregunta.

"Si pudieras volver un solo día a cualquier momento de tu vida... ¿a cuál regresarías?"

Cerró los ojos.

Las imágenes aparecieron de inmediato.

Un hospital.

El sonido constante de los monitores.

El olor a desinfectante.

Y una mano que poco a poco dejaba de apretar la suya.

Habían pasado cuatro años, pero el recuerdo seguía tan vivo como aquel día.

Respiró hondo y abrió una nueva carta.

«Hola, desconocida.»

Hoy me hiciste recordar algo que llevaba mucho tiempo intentando guardar en un rincón de mi memoria.

Si pudiera regresar un solo día al pasado, volvería al último cumpleaños de mi madre.

Ese día nadie sabía que la enfermedad avanzaba más rápido de lo que imaginábamos.

Ella sonrió durante toda la tarde, preparó mi pastel favorito y pasó horas riéndose con nosotros.

Fue un día común.

Tan común que ninguno imaginó que sería el último cumpleaños que celebraríamos juntos.

Meses después la perdimos.

Desde entonces comprendí que los momentos más importantes no siempre son los más extraordinarios.

A veces son aquellos que creemos que se repetirán para siempre.

Por eso intento disfrutar un café caliente, una conversación tranquila o una carta inesperada.

Porque ahora sé que nada está garantizado.

Gracias por preguntarme algo que nadie me había preguntado en años.

Y gracias por leerme sin juzgarme.

No sabes cuánto significa eso para mí.

Antes de despedirme quiero hacerte una promesa.

Mientras nuestras cartas sigan llegando, siempre encontrarás sinceridad en mis palabras.

Con afecto,

Tu desconocido.

Noah permaneció varios segundos mirando la pantalla.

Era la primera vez que hablaba con alguien sobre su madre desde hacía mucho tiempo.

Con el corazón acelerado, presionó «Enviar».

Sintió miedo.

No de haber contado la verdad.

Sino de que aquella desconocida cambiara la imagen que tenía de él.

---

En Santo Domingo, Marla caminaba por el Malecón mientras la brisa del mar movía su cabello.

Había salido a despejar la mente después de una larga semana de clases.

Su teléfono vibró.

No necesitó revisar el remitente.

Una sonrisa apareció en su rostro.

Se sentó en un banco frente al mar y abrió la carta.

A medida que avanzaba en la lectura, sus ojos comenzaron a humedecerse.

No conocía a Noah.

No sabía cómo era su voz ni su sonrisa.

Pero podía sentir el dolor que escondían aquellas líneas.

Cuando terminó de leer, cerró los ojos unos segundos.

—Lo siento mucho... —susurró, aunque sabía que él no podía escucharla.

Por primera vez sintió un impulso diferente.

Ya no quería responder únicamente por educación.

Quería estar presente para él.

Quería que, aunque estuvieran separados por miles de kilómetros, supiera que no estaba solo.

Mientras guardaba el teléfono, una idea cruzó por su mente.

Tal vez había llegado el momento de compartir un secreto que casi nadie conocía.

Y esa confesión marcaría un antes y un después en la historia de ambos.




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