Un destino inesperado
Noah apenas durmió aquella noche.
El mensaje de su jefe no dejaba de darle vueltas en la cabeza.
"Ha surgido una oportunidad importante... y tendrás que viajar."
No era raro que la empresa enviara arquitectos a supervisar proyectos en otras ciudades, pero el tono del mensaje le hizo pensar que esta vez era diferente.
A la mañana siguiente llegó a la oficina unos minutos antes de lo habitual.
Su jefe, Daniel Foster, ya lo esperaba.
—Pasa, Noah.
Él tomó asiento frente al escritorio.
—¿Ocurre algo?
Daniel sonrió.
—En realidad, es una buena noticia. Uno de nuestros clientes quiere construir un complejo turístico de lujo en el Caribe y necesita que uno de nuestros arquitectos supervise el proyecto desde el inicio.
Noah escuchó en silencio.
—He pensado en ti.
—¿En qué país?
Daniel abrió una carpeta y deslizó un documento sobre la mesa.
—República Dominicana.
Por un instante, Noah dejó de escuchar todo lo demás.
República Dominicana.
El mismo país del que aquella desconocida hablaba con tanto cariño.
El mismo lugar donde había playas al amanecer, calor durante casi todo el año y palmeras movidas por la brisa.
Era una coincidencia demasiado grande.
—¿Cuánto tiempo tendría que estar allí? —preguntó.
—Al menos seis meses. Si aceptas, viajarás dentro de tres semanas.
Se hizo un largo silencio.
Noah nunca había imaginado vivir tan lejos de casa.
Pero algo dentro de él le decía que debía aceptar.
—Lo haré.
Daniel sonrió satisfecho.
—Sabía que dirías que sí.
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Ese mismo día, en Santo Domingo, Marla salía de la biblioteca de la universidad con varios libros entre los brazos.
Su mejor amigo, Lucas, caminaba a su lado.
—Últimamente estás muy distraída.
Marla fingió no entender.
—¿Yo?
—Sí. Sonríes mientras miras el teléfono.
Ella soltó una pequeña risa.
—Solo estoy hablando con alguien.
—¿Un novio secreto?
—No.
—¿Entonces?
Marla dudó unos segundos.
—Es... un amigo por cartas.
Lucas arqueó una ceja.
—¿Cartas? ¿Como en las películas antiguas?
—Algo parecido.
—¿Y ya viste una foto de él?
—No.
—¿Sabes cómo se llama?
—Tampoco.
Lucas abrió mucho los ojos.
—Marla, estás hablando con un completo desconocido.
Ella bajó la mirada.
—Precisamente por eso puedo ser yo misma.
Lucas no respondió.
Nunca la había visto hablar con tanta tranquilidad de alguien.
Mientras caminaban hacia la salida del campus, el teléfono de Marla vibró.
No era una nueva carta.
Era un mensaje de la aplicación anunciando una actualización del sistema.
Sonrió con cierta decepción.
Lucas lo notó.
—Definitivamente ese desconocido ya es importante para ti.
Marla no respondió.
Porque, en el fondo, sabía que tenía razón.
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Aquella noche, Noah abrió una hoja en blanco dispuesto a escribir otra carta.
Quería contarle que pronto viajaría al Caribe.
Pero se detuvo.
No.
Todavía era demasiado pronto para compartir un detalle tan importante.
Cerró la aplicación sin escribir una sola palabra.
Sin saberlo, el destino ya había comenzado a unir sus caminos.
En menos de un mes, ambos respirarían el mismo aire, caminarían por las mismas calles y contemplarían el mismo atardecer.
Pero seguirían sin saber que la persona que buscaban estaba mucho más cerca de lo que imaginaban.
Fin del Capítulo 10.