Hasta que llegue tu Carta

Capítulo 11

Entre líneas y silencios

Los días comenzaron a tener un nuevo significado para Marla.

Ya no los medía por las clases de la universidad ni por las tareas pendientes.

Ahora los medía por las cartas.

Cada mañana, antes incluso de preparar el desayuno, tomaba el teléfono con la esperanza de encontrar una nueva notificación.

Algunas veces estaba allí.

Otras no.

Y, curiosamente, eso hacía que la espera fuera aún más especial.

Aquella mañana la pantalla permanecía en silencio.

Marla dejó el teléfono sobre la mesa y sonrió para sí misma.

—No puedo acostumbrarme a esto...

Decidió salir a caminar antes de comenzar sus estudios. El cielo estaba despejado y la brisa del mar refrescaba las calles. Mientras caminaba, observó a las personas absortas en sus propios mundos: algunos reían, otros discutían y muchos caminaban sin levantar la vista de sus teléfonos.

Pensó que era irónico.

Vivían en una época donde todos podían hablar con cualquiera, pero pocas personas realmente escuchaban.

Quizá por eso esperaba tanto aquellas cartas.

Porque, al leerlas, sentía que alguien dedicaba tiempo a conocerla de verdad.

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En Toronto, Noah también había comenzado a cambiar pequeñas costumbres.

Antes desayunaba con las noticias de fondo.

Ahora prefería el silencio.

Preparó café y abrió la ventana de la cocina. El aire frío entró de inmediato.

Tomó su teléfono.

Seguía sin haber una respuesta.

Sonrió.

—Supongo que esta vez me toca esperar a mí...

Le sorprendía descubrir que la paciencia ya no le molestaba.

Las cartas no eran como los mensajes instantáneos.

No exigían respuestas inmediatas.

Obligaban a detenerse.

A pensar.

A escribir con calma.

Y eso las hacía diferentes.

---

Esa misma noche, Marla decidió responder a la última carta.

Abrió una hoja en blanco.

«Hola, desconocido.»

Hoy no quiero hacerte grandes preguntas.

Solo quiero contarte algo sencillo.

Esta tarde comenzó a llover mientras regresaba a casa.

La mayoría de las personas buscó refugio.

Yo no.

Seguí caminando bajo la lluvia.

Siempre he pensado que algunas tormentas limpian más el corazón que la ropa.

Mientras caminaba, pensé en algo curioso.

Si nunca hubiera enviado aquella primera carta, tú seguirías siendo un completo desconocido.

Y, sin embargo, ahora formas parte de mis días.

No sé si eso tiene sentido.

Solo sé que, cuando llega una nueva carta tuya, sonrío antes de empezar a leer.

Espero que hoy hayas tenido un buen día.

Con cariño,

Tu desconocida.

Cuando terminó de escribir, no añadió ninguna pregunta.

Solo pulsó «Enviar».

A veces, el silencio también podía decir mucho.

---

Noah recibió la carta al día siguiente.

La leyó lentamente mientras viajaba en el metro rumbo a la oficina.

Al llegar al último párrafo, levantó la vista y observó a las decenas de personas que viajaban junto a él.

Todas eran desconocidas.

Pero solo una, a miles de kilómetros de distancia, conseguía hacerle sonreír con unas pocas líneas.

Guardó el teléfono en el bolsillo.

Sin darse cuenta, una pregunta comenzó a instalarse en su corazón.

¿Era posible extrañar a alguien a quien nunca había visto?

No encontró la respuesta.

Pero intuía que, muy pronto, tendría que enfrentarse a ella.




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