Hasta que llegue tu Carta

Capítulo 12

La fotografía que nunca llegó

Una semana pasó sin que Marla y Noah intercambiaran una sola carta.

No era algo extraño.

Ambos tenían sus propias responsabilidades y entendían que la vida seguía su curso.

Sin embargo, los dos descubrieron algo inesperado.

Se extrañaban.

No era una ausencia dolorosa.

Era esa sensación silenciosa de querer contarle a alguien cómo había transcurrido el día.

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El viernes por la noche, Marla recibió una nueva notificación.

Sonrió antes incluso de abrirla.

«Hola, desconocida.»

Espero que esta carta llegue en un buen momento.

La semana ha sido bastante larga y apenas he tenido tiempo para descansar.

Hoy ocurrió algo curioso en la oficina.

Uno de mis compañeros insistía en que debía crear un perfil en una aplicación de citas.

Cuando le dije que no me interesaba, me preguntó si ya estaba hablando con alguien.

No supe qué responder.

Porque no estamos hablando de la forma en que la mayoría de las personas entiende.

Nos escribimos.

Y, aunque suene extraño, siento que nuestras conversaciones son mucho más sinceras que muchas relaciones que veo a mi alrededor.

Después me hizo otra pregunta.

"¿Ya viste una fotografía suya?"

Respondí que no.

Se rio durante varios minutos.

Dijo que era imposible confiar en alguien sin conocer su rostro.

Yo no estoy tan seguro.

Creo que una persona puede esconderse detrás de una sonrisa.

Pero es mucho más difícil esconderse detrás de las palabras.

Quizá estoy equivocado.

O quizá las cartas tienen una magia que muchos han olvidado.

Quiero preguntarte algo.

Si algún día tuvieras la oportunidad de conocerme...

¿Preferirías ver primero una fotografía mía o seguir imaginando mi rostro?

No te preocupes.

No pienso romper nuestra regla.

Solo sentí curiosidad.

Que tengas un bonito día.

Tu desconocido.

Marla terminó de leer y permaneció inmóvil.

La pregunta era sencilla.

Pero la hizo pensar.

Fue hasta el espejo de su habitación.

Observó su reflejo durante unos segundos.

Luego volvió al teléfono.

Jamás había sentido inseguridad al escribir.

Pero mostrar una fotografía era diferente.

No sabía por qué.

Quizá porque una imagen podía cambiar la idea que alguien tenía de ti.

Esa noche abrió una nueva carta.

Escribió una respuesta.

La borró.

Escribió otra.

También la eliminó.

Finalmente sonrió y comenzó de nuevo.

«Hola, desconocido.»

Creo que seguiría imaginando tu rostro.

Porque las personas cambian con el tiempo.

Las fotografías también.

Pero las palabras...

Las palabras permanecen.

Y, para ser sincera, me gusta imaginar cómo eres mientras leo tus cartas.

Tal vez mi imaginación esté completamente equivocada.

Y eso también tiene su encanto.

En cuanto a mí...

Prefiero que me conozcas poco a poco.

Si algún día llega el momento de mostrarnos una fotografía, quiero que ocurra de manera natural.

No por curiosidad.

Sino porque ya no importe cómo nos vemos.

Solo quiénes somos.

Con cariño,

Tu desconocida.

Después de enviar la carta, apagó el teléfono.

No sabía que, al otro lado del mundo, Noah acababa de tomar una decisión.

Una decisión que cambiaría el rumbo de su vida.

Había aceptado oficialmente el proyecto en República Dominicana.

Y la fecha de su viaje ya estaba marcada en el calendario.




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