Hasta que llegue tu Carta

Capítulo 14

Capítulo 14

Lo que hace sonreír al corazón

Marla apoyó los codos sobre el escritorio y volvió a leer la última carta de Noah.

Era curioso.

Él siempre lograba hacer preguntas que parecían sencillas, pero que escondían algo más profundo.

"¿Cuál es ese pequeño detalle que siempre logra alegrarte el día?"

Sonrió.

Esta vez no necesitó pensar demasiado.

Comenzó a escribir.

«Hola, desconocido.»

Me gustó mucho tu pregunta.

Creo que vivimos tan deprisa que olvidamos prestar atención a esas pequeñas cosas que hacen la vida bonita.

A mí me alegra el día el olor de un libro nuevo.

También el sonido de la lluvia cuando estoy en casa.

Me gusta preparar una taza de café y sentarme cerca de una ventana mientras leo una novela.

Disfruto ver cómo el cielo cambia de color al atardecer.

Y, aunque suene extraño...

También me hace feliz encontrar una carta tuya.

Antes de escribirte, revisaba el teléfono por costumbre.

Ahora lo hago con ilusión.

Supongo que ya formas parte de mi rutina.

No sé si eso te haga sonreír o te parezca extraño.

Pero preferí ser sincera.

Ahora quiero responderte con otra pregunta.

¿Cuál es el recuerdo que siempre consigue hacerte sonreír, incluso en los días difíciles?

Nos leemos pronto.

Tu desconocida.

Cuando terminó la carta, respiró profundamente.

Era la primera vez que admitía, incluso para sí misma, que esperaba aquellas conversaciones.

No sabía qué nombre darle a ese sentimiento.

Solo sabía que era bonito.

---

En Toronto, Noah salió de la oficina un poco más tarde de lo habitual.

El cielo comenzaba a oscurecer cuando su teléfono vibró.

No esperó a llegar a casa.

Entró en un pequeño café, pidió un chocolate caliente y buscó una mesa junto a la ventana.

Leyó la carta lentamente.

Al llegar a la frase:

"También me hace feliz encontrar una carta tuya."

Sintió algo que no experimentaba desde hacía años.

Su corazón latió un poco más rápido.

No era una declaración de amor.

Ni siquiera un coqueteo.

Era algo mucho más sencillo.

Y, precisamente por eso, mucho más especial.

Le bastó esa línea para sonreír durante varios minutos.

Guardó el teléfono y miró por la ventana.

Las personas caminaban apresuradas bajo el frío, sin imaginar que, en ese pequeño café, un hombre acababa de descubrir que podía alegrarle el día a alguien que vivía al otro lado del continente.

Aquella idea le pareció increíble.

---

Esa misma noche abrió una nueva carta.

«Hola, desconocida.»

Confieso que tu última carta me hizo sonreír más de una vez.

Supongo que ahora estamos empatados.

También reviso la aplicación esperando encontrarte.

En cuanto a tu pregunta...

El recuerdo que siempre consigue hacerme sonreír es muy sencillo.

Cuando tenía ocho años, mi madre me llevó a un lago cerca de nuestra ciudad.

Pasamos toda la tarde intentando lanzar piedras para que rebotaran sobre el agua.

Ella era muy buena.

Yo era terrible.

Cada vez que una piedra se hundía de inmediato, ella aplaudía como si hubiera logrado un récord mundial.

Nunca entendí por qué celebraba algo tan pequeño.

Con los años comprendí que no estaba celebrando las piedras.

Estaba celebrando que compartíamos ese momento.

Desde entonces aprendí que la felicidad casi nunca está en los grandes acontecimientos.

Está en las personas con quienes los vivimos.

Y creo que eso es algo que nunca deberíamos olvidar.

Antes de despedirme quiero preguntarte algo.

Si pudieras conservar un solo recuerdo para toda la vida...

¿Cuál elegirías?

Hasta pronto.

Tu desconocido.

Después de enviar la carta, Noah apagó la luz del apartamento.

Sin embargo, antes de dormir, miró el calendario que descansaba sobre su escritorio.

Faltaban solo diecisiete días para viajar a República Dominicana.

Y todavía no sabía si debía contarle a aquella desconocida que, muy pronto, ambos compartirían el mismo país sin siquiera imaginarlo.




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