Capítulo 15
La distancia de un secreto
La mañana del lunes comenzó con una ligera brisa que entraba por la ventana de la habitación de Marla.
Mientras preparaba el desayuno, no pudo evitar mirar el teléfono varias veces.
No esperaba una nueva carta. Noah acababa de escribirle la noche anterior.
Aun así, sonrió.
Era extraño cómo una persona podía convertirse en parte de tu rutina sin ocupar físicamente un lugar en tu vida.
Terminó de desayunar y salió rumbo a la universidad.
Durante el trayecto, el autobús avanzaba lentamente entre el tráfico. Marla observaba por la ventana a las personas caminando con prisa, vendedores ambulantes ofreciendo café y estudiantes cargando mochilas tan pesadas como sus preocupaciones.
—Todos tenemos una historia que nadie conoce... —pensó.
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En Toronto, Noah estaba rodeado de cajas de cartón.
Había comenzado a guardar algunos libros y objetos personales para el viaje.
No era una mudanza definitiva.
Solo estaría unos meses fuera.
Sin embargo, le sorprendía descubrir lo difícil que era elegir qué llevar y qué dejar.
Sobre una repisa descansaba una pequeña brújula de metal.
La tomó entre sus manos.
Había sido un regalo de su madre cuando cumplió doce años.
"No importa dónde estés, siempre encontrarás el camino de regreso."
Recordó aquellas palabras con claridad.
Sonrió con nostalgia y guardó la brújula en la maleta.
Quería llevar un pedazo de ella a cada lugar que visitara.
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Esa noche, Marla abrió una nueva carta.
«Hola, desconocido.»
He pensado mucho en la pregunta que me hiciste.
Si pudiera conservar un solo recuerdo para toda la vida...
Creo que elegiría una tarde cualquiera con las personas que amo.
No una fiesta.
No un viaje.
Solo un día sencillo.
Porque con el tiempo he descubierto que los momentos normales son los que más extrañamos cuando desaparecen.
También quiero contarte algo.
Hoy vi a una niña intentando alcanzar unas flores que crecían detrás de una cerca.
No podía llegar.
Entonces un señor mayor se acercó, cortó una con mucho cuidado y se la regaló.
La niña sonrió como si hubiera recibido el tesoro más grande del mundo.
Ese pequeño gesto me alegró el día.
A veces olvidamos que podemos cambiar el día de alguien con acciones muy pequeñas.
Tal vez eso es lo bonito de la vida.
No hacen falta grandes milagros.
Solo personas dispuestas a ser amables.
Y ahora quiero hacerte una pregunta.
¿Hay algo que siempre lleves contigo?
No hablo de un teléfono o unas llaves.
Me refiero a un objeto que tenga un valor especial para ti.
Con cariño,
Tu desconocida.
Después de enviarla, cerró los ojos unos segundos.
No sabía por qué, pero tenía la sensación de que Noah respondería con una historia importante.
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A miles de kilómetros de distancia, Noah recibió la carta poco antes de irse a dormir.
La leyó con calma.
Cuando llegó a la última pregunta, su mirada se dirigió automáticamente hacia la maleta abierta en el suelo.
Dentro, protegida entre varias prendas de ropa, descansaba la vieja brújula de su madre.
La tomó entre sus manos.
Era un objeto sencillo.
Pero significaba todo para él.
Sonrió.
Aquella desconocida tenía una extraña habilidad para hacer las preguntas correctas.
Abrió una nueva hoja en blanco.
Estaba dispuesto a contarle la historia de la brújula.
Lo que todavía no sabía era que esa carta sería escrita desde Canadá...
Y la siguiente, por primera vez, llegaría desde República Dominicana.