Capítulo 17
Tan cerca, tan lejos
El avión aterrizó poco después del mediodía.
Noah observó por la ventanilla cómo el paisaje blanco que había dejado atrás era reemplazado por un intenso color verde, palmeras movidas por el viento y un cielo completamente despejado.
Cuando la puerta del avión se abrió, una corriente de aire cálido lo envolvió.
Era diferente.
El clima.
Los aromas.
Incluso los sonidos.
Tomó su equipaje y caminó por el aeropuerto con curiosidad, mirando cada rincón como quien llega a un lugar del que solo había oído hablar.
—Bienvenido a República Dominicana —dijo un empleado con una sonrisa mientras revisaba su pasaporte.
Noah respondió con un amable "gracias" y continuó su camino.
No imaginaba que la mujer que esperaba cada una de sus cartas vivía a menos de una hora de allí.
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Esa misma mañana, Marla llegó a la universidad más temprano de lo habitual.
Junto con otros estudiantes voluntarios, ayudaba a organizar la bienvenida para un grupo de profesionales extranjeros que participarían en un importante proyecto turístico.
—Marla, ¿puedes revisar que las carpetas estén completas? —preguntó una profesora.
—Claro.
Ella comenzó a acomodarlas sobre una mesa.
Cada una contenía un programa de actividades, mapas de la ciudad y folletos sobre la cultura dominicana.
—Parece que vienen personas de varios países —comentó Lucas mientras le entregaba una lista.
—Sí. Canadá, España, Brasil y Estados Unidos.
Marla sonrió.
Canadá.
Por un instante pensó en Noah.
—¿Qué estarás haciendo ahora? —murmuró para sí.
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Mientras tanto, Noah subía a un vehículo enviado por la empresa.
El conductor, un hombre muy amable llamado Ernesto, comenzó a señalar algunos lugares durante el trayecto.
—Ese es el Malecón.
Y más adelante está la Zona Colonial.
Si tiene tiempo, debería visitarlas.
—Lo haré. Gracias.
Noah observaba todo con atención.
Las calles estaban llenas de vida.
Había música saliendo de algunos negocios, vendedores saludando a los transeúntes y personas conversando en las aceras.
Era un ambiente completamente distinto al de Toronto.
Le gustó desde el primer momento.
Sin darse cuenta, sacó el teléfono.
Abrió la conversación con su desconocida.
Estuvo a punto de escribirle que acababa de llegar a su país.
Su dedo quedó suspendido sobre la pantalla.
Después bloqueó el teléfono.
—Todavía no... —susurró.
Quería contarle cuando encontrara las palabras adecuadas.
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Al día siguiente, la universidad recibió al grupo de visitantes.
Marla entregaba credenciales mientras saludaba con una sonrisa a cada invitado.
Todo transcurría con normalidad.
Hasta que uno de los organizadores se acercó apresurado.
—Marla, necesito que acompañes a uno de los arquitectos hasta la sala de conferencias. Se perdió buscando el edificio principal.
—Claro, ¿dónde está?
—Viene caminando por aquel pasillo.
Marla tomó una carpeta y comenzó a avanzar.
Al mismo tiempo, Noah seguía las indicaciones de un profesor mientras observaba el campus universitario.
Doblaron la misma esquina.
Apenas unos metros los separaban.
Marla llevaba la vista fija en los documentos que sostenía entre las manos.
Noah consultaba el mapa de la universidad en su teléfono.
Pasaron uno al lado del otro.
Sus hombros casi se rozaron.
Ninguno levantó la vista.
Ninguno dijo una palabra.
Siguieron caminando en direcciones opuestas.
El destino acababa de darles la primera oportunidad de encontrarse.
Y ellos la dejaron pasar sin siquiera darse cuenta.