Capítulo 18
Una conversación que casi sucede
Marla encontró al arquitecto que debía acompañar unos minutos después.
Era un hombre español de unos cincuenta años que había confundido el edificio de conferencias con la biblioteca.
—Disculpe la demora —dijo ella con una sonrisa.
—No se preocupe, señorita. Creo que necesito un mapa más grande.
Ambos rieron.
Mientras caminaban por el campus, Marla le habló sobre la universidad, las carreras que ofrecía y algunos lugares interesantes para visitar en la ciudad.
Le gustaba compartir la cultura de su país con los visitantes.
Siempre lo hacía con entusiasmo.
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Al mismo tiempo, Noah llegaba por fin a la sala donde se reunirían los arquitectos con representantes del proyecto.
—¡Noah! —saludó Daniel al verlo entrar—. Pensé que te habías perdido.
—Estuve a punto.
—Eso nos pasa a todos la primera vez.
La reunión comenzó unos minutos después.
Hablaron de planos, permisos, materiales y plazos de construcción.
Noah prestó atención a cada detalle, aunque por momentos su mente viajaba a otro lugar.
Durante un descanso sacó el teléfono.
No había nuevas cartas.
Sonrió para sí.
—Seguro está ocupada...
Guardó el móvil antes de que alguien notara su distracción.
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Al finalizar la jornada, Marla decidió pasar por una pequeña librería cercana antes de regresar a casa.
Era uno de sus lugares favoritos.
El aroma de los libros nuevos siempre conseguía relajarla.
Mientras recorría los estantes, eligió una novela y se acercó a la caja.
En ese mismo instante sonó la campanilla de la puerta.
Noah acababa de entrar.
Había visto la librería desde la calle y la curiosidad pudo más que el cansancio.
—Solo miraré unos minutos —pensó.
Comenzó a recorrer los pasillos lentamente.
Le sorprendió encontrar una sección dedicada a autores dominicanos.
Tomó uno de los libros y empezó a leer la contraportada.
A pocos metros de él, Marla terminaba de pagar su compra.
La dependienta sonrió.
—Que disfrutes la lectura.
—Muchas gracias.
Marla salió de la librería sujetando el libro contra su pecho.
Segundos después, Noah llegó exactamente al mismo mostrador.
—Buenas tardes.
—Buenas tardes —respondió la dependienta—. Hace un momento una joven compró esa misma novela. Parece que hoy ha sido muy popular.
Noah sonrió.
—Entonces debe ser buena.
Compró un ejemplar sin pensarlo demasiado.
No imaginaba que acababa de adquirir el mismo libro que la mujer con la que intercambiaba cartas desde hacía meses.
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Esa noche, ambos se sentaron frente a sus ventanas.
Marla sostenía su nuevo libro.
Noah también.
Sin saberlo, abrieron la primera página casi al mismo tiempo.
Los dos encontraron la misma frase escrita por el autor:
"Las personas destinadas a encontrarse siempre dejan pequeñas huellas en el camino, incluso antes de conocerse."
Marla sonrió.
Noah hizo lo mismo.
En ciudades distintas, bajo el mismo cielo, ambos pensaron que era una hermosa coincidencia.
Lo que ninguno sabía era que el destino seguía acercándolos con una paciencia infinita.
Y que muy pronto dejaría de conformarse con simples coincidencias.