Capítulo 19
El banco del jardín
Dos días después, el proyecto turístico organizó una actividad de integración entre los arquitectos extranjeros y varios estudiantes de la universidad.
Marla llegó temprano.
Llevaba una libreta, una botella de agua y el mismo libro que había comprado en la librería. Mientras esperaba el inicio de la actividad, decidió sentarse en un banco del jardín central para leer unos minutos.
El campus estaba tranquilo.
Solo se escuchaba el canto de los pájaros y las conversaciones de algunos estudiantes que caminaban hacia sus clases.
Marla pasó una página y sonrió al encontrar un párrafo que había subrayado la noche anterior.
"Hay personas que llegan para cambiar tu vida sin hacer ruido."
Cerró el libro un instante.
No pudo evitar pensar en su desconocido.
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A pocos metros de allí, Noah terminaba una llamada con Daniel.
—La reunión empezará en veinte minutos —dijo su jefe.
—Perfecto. Daré una vuelta mientras tanto.
—No te alejes demasiado.
Noah caminó por los jardines de la universidad observando los árboles y los edificios.
El ambiente le resultaba agradable.
Los estudiantes parecían relajados y siempre había alguien dispuesto a saludar con una sonrisa.
Mientras avanzaba por un sendero, vio un banco libre bajo la sombra de un gran árbol.
Se acercó para sentarse.
No se dio cuenta de que, al otro lado del banco, una joven estaba tan concentrada en su lectura que apenas levantó la vista cuando él tomó asiento.
Los separaban apenas unos centímetros.
Marla seguía leyendo.
Noah sacó de su mochila el mismo libro que ella sostenía.
Lo abrió exactamente por la página donde había dejado el marcador.
Durante varios minutos, ambos permanecieron en silencio, pasando páginas al mismo ritmo.
Una suave brisa hizo que el separador de Marla cayera al suelo.
Noah fue más rápido.
Lo recogió antes de que el viento se lo llevara.
—Creo que esto es tuyo —dijo con una sonrisa amable.
Marla levantó la mirada por primera vez.
Sus ojos se encontraron apenas unos segundos.
—Muchas gracias.
—De nada.
Ella tomó el separador.
—Qué casualidad... también estás leyendo este libro.
Noah levantó el ejemplar que tenía entre las manos.
—Lo compré hace un par de días.
Dicen que vale la pena.
Marla sonrió.
—Yo voy por la mitad. Hasta ahora me está encantando.
—Entonces no me cuentes el final.
Ella soltó una pequeña risa.
—Lo prometo.
Un profesor llamó a Marla desde la distancia.
—¡Marla! ¡Te necesitamos en el auditorio!
—¡Ya voy!
Volvió a mirar al joven.
—Fue un gusto.
—Igualmente.
Marla se alejó caminando con rapidez.
Noah la observó solo unos segundos antes de regresar a su libro.
No sabía su nombre.
No conocía nada de ella.
Solo pensó que tenía una sonrisa muy tranquila.
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Aquella noche, Noah abrió la aplicación de cartas.
«Hola, desconocida.»
Hoy ocurrió algo curioso.
Conocí a una joven en la universidad donde se desarrolla el proyecto.
Solo hablamos un minuto.
Los dos estábamos leyendo el mismo libro.
Fue una conversación muy breve, pero me hizo pensar en todas las coincidencias que pueden ocurrir en un solo día.
No te preocupes.
No hay ninguna historia especial detrás de eso.
Solo quería compartir contigo una pequeña anécdota.
A veces pienso que la vida está llena de encuentros que parecen insignificantes.
Quizá algunos lo sean.
Y quizá otros terminen cambiando nuestro destino sin que lo sepamos.
Espero que hayas tenido un buen día.
Tu desconocido.
Después de enviar la carta, apagó el teléfono.
No imaginaba que la joven del banco y la mujer que esperaba cada una de sus cartas eran la misma persona.
Y Marla, mientras leía aquella nueva carta desde su habitación, sonrió al pensar que la anécdota de Noah sonaba extrañamente familiar... sin sospechar que ella había sido la protagonista de ese recuerdo.