Hasta que llegue tu Carta

Capítulo 32

Capítulo 32

Marla

Marla se quedó mirando la pantalla.

La pregunta seguía allí.

«Dime una cosa... ¿cómo te llamas?»

Por primera vez, Noah había pedido algo que nunca habían acordado compartir.

Su nombre.

Sintió una mezcla de nervios y emoción.

Durante meses había sido simplemente "tu desconocida".

Ese apodo se había convertido en una pequeña parte de su historia.

Pero quizá ya era hora de dejarlo atrás.

Tomó aire y comenzó a escribir.

«Hola, desconocido.»

Creo que ya era inevitable que algún día me hicieras esa pregunta.

Mi nombre es...

Marla.

No sé por qué escribirlo me pone tan nerviosa.

Quizá porque durante todo este tiempo fui solamente una desconocida.

Ahora ya tengo un nombre.

Y supongo que eso hace que todo se sienta un poco más real.

No voy a preguntarte el tuyo todavía.

Quiero que seas tú quien decida cuándo compartirlo.

Pero puedo darte una pequeña pista.

Tu nombre empieza con la letra que siempre asocio con una de mis canciones favoritas.

No sé si eso te ayudará.

Probablemente no.

Buenas noches, desconocido.

O quizá debería decir...

hasta pronto.

Marla.

Se quedó observando la pantalla antes de pulsar enviar.

Finalmente lo hizo.

El mensaje desapareció.

Y, por primera vez, su nombre quedó registrado dentro de aquella conversación.

---

Noah recibió la carta unos minutos después.

Leyó el nombre.

Marla.

Repitió la palabra en voz baja.

—Marla...

Sonrió.

Ahora todo tenía sentido.

Recordó la lista de estudiantes que había visto aquella mañana.

Marla Montero.

La joven de la universidad.

La del banco.

La de la playa.

La del paraguas.

La de la cafetería.

La estudiante que había estado a pocos metros de él en el hotel.

Todo encajaba.

Su corazón comenzó a latir con fuerza.

No podía creer que hubiera estado frente a ella tantas veces.

Y que, mientras ambos hablaban cara a cara, siguieran buscándose a través de una pantalla.

Abrió la aplicación.

Esta vez no dudó.

«Hola, Marla.»

Mi nombre es Noah.

Y creo que necesito confesarte algo.

Hace unos días conocí a una joven en la universidad.

Después volví a encontrarla en la playa.

Luego bajo un paraguas.

Después en una cafetería.

Y hoy estuve a punto de encontrarla en el hotel.

Durante todo este tiempo pensé que eran simples coincidencias.

Ahora creo que estaba equivocado.

Porque esa joven eres tú.

Marla, soy yo.

El arquitecto con el que has estado cruzándote todos estos días.

Y hay algo todavía más increíble.

Estoy en República Dominicana.

No sé qué decir después de eso.

Quizá solo...

Hola.

Esta vez de verdad.

Noah.

Marla leyó la carta una vez.

Dos.

Tres.

Se llevó una mano a la boca.

No podía ser.

El arquitecto.

El hombre del banco.

El del paraguas.

El de la cafetería.

El desconocido.

Noah.

Era él.

Y, por primera vez, entendió por qué cada conversación le había resultado tan familiar.

No había sido imaginación.

No había sido casualidad.

Habían estado buscándose sin saber que ya se habían encontrado.

Marla sonrió mientras las lágrimas de emoción comenzaban a llenar sus ojos.

Entonces escribió una última respuesta.

«Hola, Noah.»

Creo que ahora sí puedo decirlo.

Por fin te encontré.




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