Hasta que llegue tu Carta

Capítulo 33

Capítulo 33

Por fin frente a frente

Marla no durmió aquella noche.

Cada vez que cerraba los ojos, volvía a leer la misma frase.

"Marla, soy yo."

Noah.

El hombre que había estado detrás de cada carta.

El arquitecto con el que había compartido un café.

El desconocido que le había devuelto un separador.

El hombre que había caminado junto a ella bajo la lluvia.

Todo ese tiempo habían estado frente a frente sin saberlo.

Y ahora que conocía la verdad, una pregunta no dejaba de aparecer en su mente.

¿Qué iba a pasar cuando se vieran nuevamente?

---

A las ocho de la mañana, su teléfono vibró.

Era Noah.

«Buenos días, Marla.»

Ella sonrió inmediatamente.

«Buenos días, Noah.»

Después apareció otro mensaje.

«¿Podemos hablar?»

Marla sintió nervios.

«Claro.»

Pasaron unos segundos.

«En persona.»

Su corazón comenzó a latir más rápido.

Noah le propuso encontrarse esa tarde en la misma cafetería donde habían hablado durante casi una hora sin saber quién era realmente el otro.

Marla aceptó.

---

A las cinco de la tarde llegó al café.

Llevaba un vestido sencillo y su cabello suelto.

Se quedó unos segundos frente a la puerta respirando profundamente.

No estaba segura de por qué estaba tan nerviosa.

Había hablado con Noah durante meses.

Conocía sus pensamientos.

Sus recuerdos.

Sus miedos.

Sus sueños.

Pero verlo ahora era diferente.

Entró.

Noah ya estaba allí.

Se encontraba sentado junto a la ventana.

Cuando levantó la mirada y la vio, se puso de pie.

Durante unos segundos ninguno dijo nada.

Solo se miraron.

Esta vez no había una pantalla entre ellos.

No había nombres ocultos.

No había distancia.

Solo ellos.

—Hola, Marla —dijo Noah finalmente.

Ella sonrió.

—Hola, Noah.

Su voz.

Por primera vez escuchó claramente la voz del hombre que había llenado tantas páginas.

Y Noah escuchó la de ella.

Ambos sonrieron.

—Es extraño —admitió Marla—. Siento que te conozco desde hace mucho tiempo.

—Yo siento exactamente lo mismo.

Se sentaron.

Durante unos minutos hablaron sobre las coincidencias que habían vivido.

La librería.

La universidad.

El paraguas.

La playa.

El festival del libro.

La cafetería.

El hotel.

Cada recuerdo parecía todavía más increíble ahora que conocían la verdad.

—¿Sabes qué es lo más extraño? —preguntó Marla.

—¿Qué?

—Que tantas veces estuvimos a punto de descubrirlo.

Noah sonrió.

—Tal vez necesitábamos llegar hasta aquí.

Marla bajó la mirada.

—¿Y ahora qué?

Noah guardó silencio unos segundos.

—Ahora quiero conocerte de verdad.

Ella levantó la mirada.

—¿No lo hacías ya?

—Conocía tus palabras.

Hizo una pausa.

—Ahora quiero conocer también tus días.

Marla sonrió.

Por primera vez, no necesitaban despedirse pensando en cuándo llegaría la próxima carta.

Podían simplemente verse.

Hablar.

Reír.

Conocerse.

---

Cuando salieron de la cafetería, el cielo comenzaba a oscurecer.

Caminaron juntos por la calle.

Ninguno tenía prisa.

Noah miró hacia ella.

—¿Te arrepientes de haber respondido aquella primera carta?

Marla negó con la cabeza.

—Ni un segundo.

Él sonrió.

—Yo tampoco.

Siguieron caminando.

Y, aunque ninguno lo dijo en voz alta, ambos comprendieron algo.

Las cartas habían sido el comienzo.

Pero la verdadera historia...

Apenas estaba empezando.




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