Capítulo 21
Entre coincidencias y destinos
Noah leyó la carta de Marla dos veces antes de responder.
La última pregunta quedó dando vueltas en su cabeza.
"¿Crees en las coincidencias?"
Durante mucho tiempo habría respondido que sí.
Que la vida era simplemente una suma de decisiones y accidentes.
Pero desde que comenzó a escribirse con aquella desconocida, empezaba a dudar.
Abrió una nueva carta.
«Hola, desconocida.»
Hoy me hiciste pensar durante horas.
No sé si creo en el destino.
Pero sí creo que algunas personas llegan en el momento exacto.
No antes.
No después.
Exactamente cuando las necesitamos.
Antes pensaba que las coincidencias eran solo eso.
Ahora no estoy tan seguro.
Porque, si lo piensas bien, era muy poco probable que tú y yo comenzáramos a escribirnos.
Entre millones de personas, nuestras cartas terminaron encontrándose.
Y, desde entonces, nuestras conversaciones también encontraron un lugar en nuestros días.
Tal vez sea una casualidad.
O tal vez la vida tenga formas muy curiosas de acercar a las personas.
Hoy quiero responder también a tu historia.
Me alegra que aquel desconocido te ayudara.
A veces creemos que para cambiar la vida de alguien hacen falta grandes gestos.
Pero basta con detenerse un minuto y ofrecer una mano.
O recoger unas hojas que el viento intenta llevarse.
Espero que nunca pierdas esa libreta.
Estoy seguro de que algún día estará llena de pensamientos que merecerán ser leídos.
Y ahora quiero hacerte una pregunta diferente.
Si algún día escribieras un libro...
¿De qué trataría?
Hasta pronto.
Tu desconocido.
Noah leyó la carta con una sonrisa.
Sin darse cuenta, acababa de responder sobre un momento que ambos habían vivido.
Pero ninguno conocía toda la verdad.
---
Marla recibió la carta al caer la tarde.
Se encontraba en la biblioteca de la universidad, buscando información para un trabajo.
Al leer la última pregunta, sus ojos brillaron.
Cerrar un libro siempre había sido difícil para ella.
Abrir uno, todavía más emocionante.
Tomó su cuaderno y escribió una respuesta antes incluso de abrir la aplicación.
"Escribiría una historia sobre dos personas que aprenden a conocerse primero por el alma y después por los ojos."
Se quedó mirando aquella frase.
Le gustaba.
Mucho.
Pero decidió no escribirla exactamente así.
Todavía era demasiado pronto.
---
Al salir de la biblioteca, comenzó a caminar hacia la parada del autobús.
Llovía.
No era una lluvia fuerte.
Solo una llovizna que hacía brillar las calles bajo la luz de los faroles.
Mientras esperaba el transporte, vio a alguien correr hacia la parada con un paraguas negro.
Era el mismo arquitecto que había conocido en la playa.
Noah.
Él también la reconoció.
—Hola —saludó con una sonrisa.
—Hola.
Por unos segundos ninguno dijo nada.
Hasta que Noah levantó ligeramente el paraguas.
—¿Quieres cubrirte? Parece que la lluvia va a empeorar.
Marla dudó apenas un instante.
—Gracias.
Se colocó a su lado.
El paraguas era lo bastante grande para ambos, pero aun así caminaban muy cerca.
El silencio no resultaba incómodo.
Al contrario.
Era tranquilo.
—¿Ya terminaste el libro? —preguntó Noah.
Ella sonrió.
—Todavía no. Voy muy despacio porque no quiero que termine.
Él soltó una pequeña risa.
—Me pasa exactamente lo mismo.
El autobús apareció al final de la avenida.
Marla dio un paso al frente.
—Bueno... gracias por el paraguas.
—De nada.
Subió al autobús y buscó un asiento junto a la ventana.
Antes de que el vehículo arrancara, miró hacia afuera.
El arquitecto seguía allí, esperando bajo la lluvia.
Le dedicó un pequeño gesto de despedida con la mano.
Él respondió de la misma forma.
El autobús se alejó lentamente.
Noah permaneció observándolo hasta que desapareció entre el tráfico.
No conocía el nombre de aquella joven.
Pero, por segunda vez en pocos días, el destino había vuelto a cruzar sus caminos.
Y ambos comenzaban a preguntarse por qué siempre terminaban encontrándose.