Hasta que llegue tu Carta

Capítulo 22

Capítulo 22

El nombre que casi descubren

La lluvia continuó cayendo durante buena parte de la noche.

Desde la ventana del autobús, Marla observaba cómo las gotas resbalaban por el cristal, deformando las luces de la ciudad.

No podía dejar de pensar en el arquitecto.

Era amable.

Tranquilo.

Y tenía una forma de escuchar que le recordaba a alguien.

Negó con una sonrisa.

—Estoy imaginando cosas...

Sacó el teléfono y abrió la aplicación de cartas. Había empezado a escribir una respuesta para Noah, pero decidió esperar hasta llegar a casa.

Quería hacerlo sin prisas.

---

Noah regresó al hotel caminando bajo la lluvia.

Aunque tenía un paraguas, el viento terminaba mojándolo de todos modos.

Entró al vestíbulo y saludó al recepcionista.

—Buenas noches.

—Buenas noches, señor Carter.

Noah respondió con una sonrisa y subió a su habitación.

Al cerrar la puerta, dejó el paraguas junto a la entrada y se acercó al balcón.

Desde allí podía ver parte de la ciudad iluminada.

Pensó en la joven de la parada de autobús.

Era la segunda vez que coincidían.

Y ambas conversaciones habían sido tan naturales que le resultaba difícil olvidarlas.

—Qué extraño... —murmuró.

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A la mañana siguiente, la universidad organizó otra reunión para revisar los avances del proyecto turístico.

Marla llegó unos minutos antes y tomó asiento al fondo del salón.

Mientras esperaba el inicio de la conferencia, revisó unas notas en su libreta.

No advirtió que Noah acababa de entrar por la puerta principal.

Daniel caminaba a su lado.

—Necesito presentarte a varias personas de la universidad —comentó.

—Perfecto.

Ambos comenzaron a saludar a profesores y coordinadores.

Marla seguía escribiendo cuando escuchó una voz conocida.

Levantó la vista.

Era el arquitecto.

Por un instante sus miradas volvieron a encontrarse.

Él sonrió con educación.

Ella respondió del mismo modo.

Nada más.

Un profesor se acercó a Marla.

—¿Podrías traer unas carpetas de la oficina?

—Claro.

Se levantó de inmediato.

Mientras caminaba hacia la salida, pasó cerca del grupo donde estaba Noah.

En ese momento Daniel dijo en voz alta:

—Noah...

Pero justo cuando iba a pronunciar el apellido, un micrófono produjo un fuerte sonido que hizo que todos voltearan hacia el escenario.

La presentación estaba por comenzar.

Marla continuó caminando sin haber escuchado el resto.

Noah tampoco notó lo ocurrido.

Fue otra oportunidad perdida.

Otro pequeño juego del destino.

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Aquella noche, Marla finalmente respondió la carta.

«Hola, desconocido.»

Hoy pensé mucho en tu pregunta sobre escribir un libro.

Creo que escribiría una historia donde dos personas se conocieran primero por sus pensamientos.

Sin fotografías.

Sin nombres.

Sin saber cómo es la voz del otro.

Solo palabras.

Porque las palabras obligan a mirar más allá de las apariencias.

Y, aunque parezca extraño, creo que esa clase de conexión puede ser incluso más fuerte.

Ahora quiero preguntarte algo.

Si mañana despertaras y tuvieras el valor suficiente para hacer cualquier cosa...

¿Qué harías?

Buenas noches.

Tu desconocida.

Después de enviarla, apagó la lámpara y sonrió.

Sin saberlo, acababa de describir exactamente la historia que estaba viviendo.

Y, a pocos kilómetros de allí, Noah comenzaba a leer esa carta con el corazón un poco más acelerado que la primera vez.




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