Hasta que llegue tu Carta

Capítulo 23

Capítulo 23

El valor de decir la verdad

Noah permaneció varios minutos observando la última pregunta de Marla.

"Si mañana despertaras y tuvieras el valor suficiente para hacer cualquier cosa... ¿qué harías?"

Nunca había pensado en ello.

Apoyó la taza de café sobre la mesa del hotel y salió al balcón. La ciudad despertaba lentamente. Desde allí podía escuchar el murmullo del tráfico, el canto de algunos pájaros y la brisa moviendo las hojas de las palmeras.

República Dominicana comenzaba a sentirse un poco más familiar.

Sonrió.

Quizá porque, por primera vez en mucho tiempo, no se sentía completamente solo.

Regresó a la habitación y abrió una nueva carta.

«Hola, desconocida.»

Tu pregunta me hizo pensar más de lo que imaginaba.

Si mañana despertara con el valor suficiente para hacer cualquier cosa...

Creo que dejaría de esconder lo que siento.

Durante años me acostumbré a responder "estoy bien", incluso cuando no era cierto.

Pensaba que mostrar tristeza era una forma de debilidad.

Ahora creo que estaba equivocado.

También viajaría más.

No esperaría el momento perfecto.

Ni el trabajo perfecto.

Ni el tiempo perfecto.

Porque he aprendido que la vida cambia demasiado rápido.

Y, sobre todo...

Le diría a las personas importantes cuánto significan para mí antes de que sea demasiado tarde.

No quiero volver a arrepentirme de las palabras que nunca dije.

Ahora quiero hacerte una pregunta.

¿Cuál es el mayor miedo que todavía no has logrado vencer?

No tienes que responder si no quieres.

Solo prométeme que nunca dejarás de perseguir los sueños de los que me hablaste.

Hasta pronto.

Tu desconocido.

Noah leyó la carta una última vez antes de enviarla.

Por primera vez sintió que cada respuesta revelaba una parte más profunda de él.

Y, curiosamente, eso ya no le daba miedo.

---

Aquella tarde, la universidad organizó una visita a la Zona Colonial para los arquitectos extranjeros.

Marla formaba parte del grupo de estudiantes que acompañaría el recorrido.

Las calles de piedra, los edificios antiguos y los balcones llenos de flores llamaban la atención de los visitantes.

Noah caminaba unos pasos detrás del guía, observando cada detalle con curiosidad.

—Este lugar parece un libro de historia —comentó.

—Lo es —respondió Marla, que acababa de acercarse al grupo para explicar algunos datos sobre uno de los edificios.

Noah la reconoció de inmediato.

Era la joven del paraguas.

Y la del banco.

Y la de la playa.

—Hola otra vez —dijo sonriendo.

Marla soltó una pequeña risa.

—Empiezo a pensar que nos seguimos encontrando a propósito.

—Yo estaba pensando exactamente lo mismo.

Caminaron juntos durante unos minutos mientras el resto del grupo avanzaba.

Hablaron sobre la arquitectura de la ciudad, los cafés antiguos y los lugares que más les habían gustado desde que se conocieron.

La conversación fluía con una naturalidad sorprendente.

En un momento, el guía pidió al grupo reunirse para una fotografía.

Marla y Noah quedaron uno al lado del otro.

El fotógrafo levantó la cámara.

—¡Sonrían!

El obturador hizo clic.

Ninguno imaginó que aquella sería la primera fotografía donde aparecían juntos.

Mucho antes de descubrir que ya ocupaban un lugar importante en la vida del otro.

Cuando la visita terminó, ambos caminaron hasta la salida.

—Supongo que nos veremos otra vez —dijo Noah.

—Con la suerte que tenemos para coincidir... seguramente sí.

Se despidieron con una sonrisa.

Mientras Marla se alejaba, sintió un impulso extraño.

Por un segundo estuvo a punto de preguntarle su nombre.

Pero alguien la llamó desde el otro lado de la calle.

Cuando volvió la vista, Noah ya se había marchado.

Y el destino, una vez más, decidió guardar ese pequeño secreto un poco más.




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