Capítulo 26
Una carta escrita desde el mismo cielo
Esa noche, la ciudad quedó envuelta por una lluvia tranquila.
Las gotas golpeaban los balcones y los tejados con un ritmo constante, como si quisieran acompañar a quienes permanecían despiertos.
Marla estaba sentada junto a la ventana de su habitación.
La fotografía del mural seguía abierta en la pantalla de su teléfono.
No podía dejar de mirar aquella frase.
"Y algunas personas llegan a nuestra vida primero en forma de carta."
Era sencilla.
Pero había algo en ella que le resultaba familiar.
Apagó el teléfono y abrió la aplicación.
Había llegado el momento de responder.
«Hola, desconocido.»
Hoy fui a un festival del libro.
Había cientos de personas.
Libros por todas partes.
Y un mural donde cualquiera podía escribir una frase.
Yo dejé una que decía:
"Las palabras tienen la extraña capacidad de encontrar a quien más las necesita."
Cuando regresé para leer lo que otras personas habían escrito, encontré otra frase debajo de la mía.
Decía:
"Y algunas personas llegan a nuestra vida primero en forma de carta."
No sé quién la escribió.
Pero, por un momento, sentí que esa persona entendía exactamente lo que pienso.
Fue una sensación extraña.
¿Alguna vez te ha pasado?
¿Sentir que un desconocido piensa igual que tú?
A veces creo que el mundo es demasiado grande para tantas coincidencias.
Y otras veces...
Creo que es más pequeño de lo que imaginamos.
Con cariño,
Tu desconocida.
Presionó «Enviar» y dejó escapar un suspiro.
Aquella carta tenía algo diferente.
Sin darse cuenta, estaba contando una experiencia que Noah también había vivido.
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En el hotel, Noah terminaba de revisar unos documentos cuando el sonido de una notificación rompió el silencio.
Sonrió de inmediato.
Abrió la carta.
A medida que avanzaba en la lectura, sus ojos se abrieron con sorpresa.
Volvió al primer párrafo.
Lo leyó otra vez.
Y una tercera.
No podía creerlo.
El mismo festival.
El mismo mural.
La misma frase.
Su corazón comenzó a latir con fuerza.
Era demasiada casualidad.
Durante varios minutos caminó de un lado a otro de la habitación.
Finalmente abrió una nueva carta.
Escribió una línea.
La borró.
Escribió otra.
Volvió a borrarla.
Hasta que decidió ser completamente sincero.
«Hola, desconocida.»
No vas a creer lo que estoy a punto de decirte.
Hoy yo también estuve en un festival del libro.
Y sí...
También escribí una frase en un mural.
Cuando leí tu carta pensé que era imposible.
Revisé la fotografía que tomé y descubrí que nuestras frases estaban una debajo de la otra.
No sé cómo explicarlo.
No sé qué probabilidades existen de que dos personas que se escriben cartas terminen en el mismo lugar, el mismo día y frente al mismo mural.
Pero ocurrió.
Y, por primera vez, siento que el mundo es mucho más pequeño de lo que imaginábamos.
Hay algo más que quiero contarte.
Hace unas semanas llegué a un país por motivos de trabajo.
Todavía no quiero decirte cuál es.
No porque desconfíe de ti.
Sino porque me gustaría que siguieras descubriendo mi historia poco a poco, igual que yo descubro la tuya.
Espero que no te moleste.
Prometo que, cuando llegue el momento adecuado, te lo contaré todo.
Hasta pronto.
Tu desconocido.
Noah leyó la carta en silencio.
Esta vez no la borró.
La envió.
Sabía que acababa de dar el primer paso para revelar el secreto que llevaba semanas guardando.
Y, al otro lado de la ciudad, Marla estaba a punto de descubrir que la distancia entre ellos ya no se medía en océanos.
Sino en unos pocos kilómetros.