Capítulo 28
La ciudad sin nombre
Noah permaneció varios minutos con la taza de café entre las manos.
La pregunta de Marla parecía sencilla.
Pero responderla sin revelar dónde estaba resultaba más difícil de lo que imaginaba.
Miró a su alrededor.
Una pareja caminaba tomada de la mano por el paseo.
Un vendedor ambulante ofrecía agua de coco a los turistas.
A lo lejos, el mar brillaba bajo el sol de la mañana.
Sonrió y comenzó a escribir.
«Hola, desconocida.»
Me pediste que describiera el lugar donde estoy sin decir su nombre.
Creo que podría hacerlo así:
Es un sitio donde el sol parece despertar antes que todos.
Donde la gente tiene la costumbre de sonreír incluso a los desconocidos.
Hay música en las calles, el mar nunca está demasiado lejos y el viento trae un olor que mezcla sal, café y esperanza.
Todavía estoy descubriendo este lugar.
Cada día encuentro un rincón nuevo que me sorprende.
No sé cuánto tiempo permaneceré aquí.
Pero tengo la sensación de que, cuando llegue el momento de irme, una parte de mí se quedará para siempre.
Ahora quiero hacerte una pregunta.
Si pudieras mostrarle un solo lugar de tu país a un visitante extranjero, ¿cuál elegirías y por qué?
Con cariño,
Tu desconocido.
Cuando terminó de escribir, dudó unos segundos.
Aquella descripción era sincera.
Esperaba que no fuera demasiado evidente.
Presionó «Enviar».
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Esa tarde, Marla leyó la carta sentada bajo un árbol en el campus de la universidad.
Al terminar, cerró los ojos por un instante.
Aquellas palabras le parecían increíblemente familiares.
"El mar nunca está demasiado lejos."
"La gente sonríe incluso a los desconocidos."
Era exactamente como ella describía su propio país.
Sacudió la cabeza.
—No puede ser...
Había muchos lugares en el mundo parecidos.
No debía sacar conclusiones apresuradas.
Aun así, una pequeña sospecha comenzaba a crecer en su corazón.
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Al finalizar las clases, Marla decidió pasar por una cafetería cercana antes de regresar a casa.
Era un local pequeño, con mesas de madera y plantas colgando del techo.
Pidió un café con leche y se sentó junto a la ventana.
Sacó su libreta para escribir algunas ideas.
Unos minutos después, la puerta del café se abrió.
Noah entró buscando un lugar tranquilo para revisar unos planos.
El local estaba casi lleno.
Solo quedaba una mesa libre.
La que estaba justo frente a Marla.
El camarero sonrió.
—Disculpen, ¿les molestaría compartir la mesa? Hoy tenemos mucha gente.
Marla levantó la vista.
Reconoció al arquitecto al instante.
Él también la reconoció.
Ambos sonrieron con naturalidad.
—Claro, no hay problema —respondieron al mismo tiempo.
Los dos rieron por la coincidencia.
—Parece que el destino insiste en que compartamos mesa —comentó Noah mientras tomaba asiento.
—Empiezo a creer lo mismo.
Durante casi una hora hablaron de libros, música, viajes y arquitectura.
No hubo silencios incómodos.
Todo parecía fluir con una facilidad sorprendente.
En un momento, el teléfono de Marla vibró sobre la mesa.
La pantalla se iluminó apenas un segundo con el nombre de la aplicación donde intercambiaba cartas.
Noah alcanzó a verla de reojo.
Sintió un extraño presentimiento.
Era la misma aplicación que él usaba.
Pero decidió no decir nada.
Simplemente desvió la mirada.
Marla tampoco imaginó que, sentado frente a ella, estaba el hombre que cada noche esperaba con ilusión detrás de una pantalla.
Y, por primera vez desde que comenzaron esta historia, el destino los había sentado frente a frente durante una hora entera... sin revelar todavía el último secreto.