Capítulo 29
La melodía compartida
Marla llegó a casa con una sensación extraña.
Dejó el bolso sobre la silla, preparó una taza de chocolate caliente y se sentó frente a la ventana.
No podía dejar de pensar en la conversación de aquella tarde.
El arquitecto era exactamente como lo había imaginado desde el primer día: tranquilo, atento y con una manera de escuchar que hacía sentir importante a quien hablaba.
—Qué curioso... —susurró.
No sabía su apellido.
Apenas conocía su nombre de pila, que había escuchado de pasada en una reunión: Noah.
Aun así, sentía que lo conocía desde hacía mucho más tiempo.
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Noah también regresó al hotel con una sonrisa difícil de ocultar.
Dejó los planos sobre el escritorio y recordó cada detalle de la conversación en la cafetería.
Habían hablado durante casi una hora.
Libros.
Películas.
Viajes.
Incluso de música.
Marla le había contado que le gustaban las canciones que transmitían calma y que siempre escuchaba música mientras leía.
Él le confesó que hacía exactamente lo mismo cuando dibujaba planos.
Fue entonces cuando ambos descubrieron una coincidencia más.
—¿Te gusta Ludovico Einaudi? —preguntó Marla.
Noah levantó la mirada con sorpresa.
—Es uno de mis compositores favoritos.
—No puede ser...
—¿También el tuyo?
Ella asintió sonriendo.
—Su música siempre consigue que mi cabeza deje de hacer ruido.
Los dos rieron.
Cada nueva coincidencia parecía más improbable que la anterior.
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Esa noche, Noah abrió la aplicación.
Durante varios minutos observó la pantalla en blanco.
Finalmente comenzó a escribir.
«Hola, desconocida.»
Hoy tuve una conversación muy agradable con alguien.
Hablamos de libros, música y viajes.
Fue curioso descubrir cuántas cosas pueden unir a dos personas que apenas se conocen.
Mientras volvía al hotel pensé en una frase.
Tal vez conocer a alguien no significa saber su nombre.
Tal vez significa sentirse escuchado.
Hoy también recordé tu pregunta sobre el lugar donde me encuentro.
Cada día estoy más convencido de que este sitio me está cambiando.
No solo por sus paisajes.
Sino por las personas que he conocido.
Y ahora quiero preguntarte algo.
¿Existe una canción que sientas que habla de ti?
No tiene que ser tu favorita.
Solo una que, cada vez que la escuchas, parezca entender exactamente cómo te sientes.
Hasta pronto.
Tu desconocido.
Noah sonrió.
Aquella carta estaba llena de verdades.
Solo omitía una.
La persona con la que había compartido aquella tarde era ella.
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Marla recibió la carta pocos minutos después.
Leyó cada línea con calma.
Cuando llegó al párrafo donde Noah mencionaba una conversación agradable con alguien, sintió un pequeño pinchazo en el pecho.
No era celos.
Era curiosidad.
¿Quién sería esa persona?
Continuó leyendo hasta el final.
La última pregunta consiguió devolverle la sonrisa.
Abrió una hoja en blanco.
«Hola, desconocido.»
Creo que sí existe una canción que habla de mí.
No porque cuente mi historia.
Sino porque cada vez que la escucho me recuerda quién quiero ser.
Algún día te diré cuál es.
Pero primero tendrás que contarme la tuya.
Las reglas deben ser iguales para los dos.
Por cierto...
Hoy también conocí a alguien interesante.
Es una persona muy tranquila.
Hablar con él fue tan sencillo que el tiempo pasó sin que me diera cuenta.
No sé si volveré a verlo.
Pero me alegró el día.
Buenas noches.
Tu desconocida.
Marla envió la carta sin imaginar que Noah sonreiría al leerla.
Porque, sin saberlo, ambos acababan de escribir sobre la misma conversación.
Y, aunque todavía no conocían toda la verdad, sus corazones ya empezaban a reconocer aquello que sus ojos aún no habían descubierto.