Capítulo 30
El nombre en la pantalla
La mañana siguiente comenzó con un cielo despejado.
Noah despertó antes de que sonara la alarma.
Había dormido poco.
La última carta de Marla seguía ocupando sus pensamientos.
"Hoy también conocí a alguien interesante."
No sintió preocupación.
Al contrario.
Sonrió al imaginarla disfrutando de una buena conversación.
Sin embargo, una pequeña parte de él deseaba saber quién era esa persona.
Sin sospechar que hablaba de él mismo.
---
En la universidad, Marla ayudaba a organizar unos documentos para el proyecto turístico.
Lucas se acercó con dos vasos de jugo.
—Te ves de buen humor.
—¿Sí?
—Muchísimo. Incluso sonríes sin darte cuenta.
Marla bajó la mirada, algo avergonzada.
—Creo que estos días han sido... diferentes.
Lucas la observó con curiosidad.
—¿Tiene algo que ver el arquitecto canadiense?
Marla abrió mucho los ojos.
—¿Cómo sabes que es canadiense?
—Lo escuché hablando con uno de los profesores.
Además, todos comentan que es muy amable.
Ella sonrió sin responder.
Lucas soltó una risa.
—Ya entendí.
---
Mientras tanto, Noah recorría nuevamente los pasillos de la universidad.
Daniel lo esperaba en el auditorio.
—Necesito que revises unos planos con la coordinadora del proyecto.
—Claro.
Al llegar a la oficina, una secretaria levantó la vista.
—Buenos días, ingeniero Carter.
La coordinadora todavía no ha llegado.
Puede esperar unos minutos.
Noah asintió y tomó asiento.
Sobre el escritorio había una lista de estudiantes voluntarios.
Intentó no mirar, pero un nombre llamó su atención.
Marla Montero.
Sintió un pequeño sobresalto.
Era un nombre bonito.
Sin saber por qué, le resultó familiar.
Lo repitió mentalmente.
—Marla...
En ese instante la puerta se abrió.
La secretaria tomó la lista y la guardó en una carpeta antes de que Noah pudiera leer los demás datos.
---
Esa tarde, Marla recibió un mensaje de la coordinadora.
Necesitaban un voluntario para entregar unos documentos en el hotel donde se hospedaban los arquitectos.
Ella aceptó de inmediato.
No imaginaba que el destinatario de aquel sobre era Noah.
Al llegar al hotel, preguntó por la sala de reuniones.
Un empleado la acompañó hasta el segundo piso.
Mientras caminaba por el pasillo, otro trabajador salió apresurado de una oficina.
—Disculpa, ¿podrías esperar un momento? El ingeniero está terminando una llamada.
—Claro.
Marla aguardó junto a una ventana.
Del otro lado de la puerta se escuchaba la voz de Noah, aunque no podía distinguir sus palabras.
Cuando por fin terminó la llamada, el empleado abrió la puerta.
—Puede pasar.
Justo en ese momento sonó el teléfono de Marla.
Era su madre.
Ella se apartó unos pasos para responder.
—Hola, mamá...
La conversación duró apenas un minuto.
Cuando regresó, el empleado salió nuevamente.
—Lo siento mucho. El ingeniero tuvo que salir por una emergencia del proyecto. Si quieres, déjame el sobre y yo se lo entregaré.
Marla sonrió con amabilidad.
—No hay problema.
Le entregó la carpeta y se marchó.
Apenas treinta segundos después, Noah regresó por el otro extremo del pasillo.
—¿Ya llegó la estudiante?
—Sí, pero acaba de irse.
Noah miró hacia el ascensor que acababa de cerrarse.
Por un instante tuvo la sensación de haber perdido algo importante.
Sin saberlo, acababan de estar separados por menos de diez metros.
Y el destino seguía poniendo a prueba su paciencia, esperando el momento perfecto para revelar una verdad que ya no podría ocultarse por mucho más tiempo.