Hasta que llegue tu Carta

Capítulo 34

Capítulo 34

Conocerte sin una pantalla

Durante los días siguientes, algo cambió entre Marla y Noah.

Ya no tenían que esperar una notificación.

Ya no existían kilómetros entre ellos.

Podían verse.

Hablar.

Reírse.

Y, sobre todo, descubrir si aquella conexión que habían construido mediante cartas también funcionaba cuando estaban frente a frente.

El primer día después de conocerse oficialmente, Noah la invitó a caminar por el Malecón.

Marla aceptó.

Llegó unos minutos antes y se quedó observando el mar.

—¿Siempre llegas temprano? —preguntó Noah cuando apareció.

—Cuando estoy nerviosa, sí.

Él sonrió.

—¿Estás nerviosa conmigo?

—Un poco.

—Me alegra saber que no soy el único.

Marla soltó una pequeña carcajada.

Caminaron junto al mar mientras hablaban de cosas que nunca habían mencionado en sus cartas.

Noah descubrió que Marla podía pasar horas hablando de libros.

Marla descubrió que él tenía una memoria increíble para los detalles pequeños.

—¿Recuerdas todo lo que te escribí? —preguntó ella sorprendida.

—No todo.

Hizo una pausa.

—Solo lo importante.

Ella bajó la mirada para ocultar una sonrisa.

---

Se detuvieron frente a un pequeño puesto donde vendían bebidas frías.

—¿Qué quieres? —preguntó Noah.

—Lo que tú elijas.

—Eso es peligroso.

—¿Por qué?

—Porque podría elegir algo horrible.

—Entonces asumiré el riesgo.

Noah pidió dos bebidas diferentes.

Cuando Marla probó la suya, hizo una expresión divertida.

—Está demasiado dulce.

Él comenzó a reír.

—Te advertí.

—No dijiste nada.

—Lo pensé.

—Eso no cuenta.

Ambos terminaron riéndose.

Era una escena sencilla.

Pero para los dos significaba mucho.

Durante meses habían imaginado cómo sería compartir un momento así.

Ahora estaba ocurriendo.

---

Más tarde se sentaron frente al mar.

El sol comenzaba a bajar.

Marla apoyó las manos sobre sus piernas.

—Hay algo que quiero preguntarte.

—Dime.

—Cuando descubriste que yo era la chica que conocías... ¿te decepcionaste?

Noah frunció el ceño.

—¿Por qué pensaría eso?

—No lo sé.

Quizá porque las personas pueden imaginar una versión de alguien que no existe.

Noah la miró directamente.

—Yo no imaginaba una persona perfecta.

Imaginaba a alguien real.

Y tú eres mucho más real de lo que esperaba.

Marla sonrió.

—Eso fue bonito.

—Solo estoy diciendo la verdad.

Se quedaron en silencio.

Esta vez no era necesario llenarlo.

---

Cuando llegó la hora de despedirse, Noah la acompañó hasta donde tomaría su transporte.

—Nos vemos mañana —dijo él.

Marla sonrió.

—¿Mañana?

—Si quieres.

—Quiero.

Noah asintió.

Antes de que ella se marchara, dijo:

—Marla.

Ella se volvió.

—¿Sí?

—Creo que hay algo que las cartas no pudieron enseñarme.

—¿Qué?

—Que tu sonrisa es mucho más bonita en persona.

Marla sintió que sus mejillas se calentaban.

—Buenas noches, Noah.

—Buenas noches.

Ella se alejó sonriendo.

Y Noah se quedó observándola hasta que desapareció entre la gente.

Por primera vez, ninguno necesitó escribir una carta para decir que había disfrutado el día.

Ambos lo sabían.

La distancia había terminado.

Ahora comenzaba algo mucho más difícil.

Conocerse de verdad.




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