Capítulo 35
Una verdad incómoda
Marla pensó que después de descubrir la identidad de Noah todo sería más sencillo.
Se equivocó.
Ahora que podía verlo, escuchar su voz y compartir momentos con él, las emociones que antes parecían pequeñas comenzaban a crecer.
Y eso la asustaba.
Porque ya no se trataba de un desconocido al otro lado de una pantalla.
Era un hombre real.
Un hombre que podía quedarse...
O marcharse.
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Al día siguiente, Noah llegó a la universidad para una reunión del proyecto.
Marla lo esperaba en la entrada.
—Llegas tarde —dijo ella, fingiendo molestia.
—Solo cinco minutos.
—Cinco minutos son mucho tiempo.
—Entonces tendré que compensarlo.
—¿Cómo?
Noah sonrió.
—Invitándote a almorzar.
Marla intentó mantener una expresión seria.
No pudo.
—Acepto.
Caminaron hasta un pequeño restaurante cercano.
Durante el almuerzo hablaron de sus planes, de sus familias y de lo que esperaban hacer en los próximos años.
Hasta que Noah recibió una llamada.
Su expresión cambió.
—¿Todo bien? —preguntó Marla.
—Sí.
Respondió la llamada y se alejó unos metros.
Marla no quiso escuchar.
Pero algunas palabras llegaron hasta ella.
"Seis meses..."
"El proyecto..."
"Regresar a Canadá..."
Su sonrisa desapareció.
Noah volvió a sentarse.
—¿Qué pasa?
Marla negó con la cabeza.
—Nada.
—No parece nada.
Ella bajó la mirada.
—¿Cuánto tiempo vas a quedarte aquí?
Noah guardó silencio.
Ya no podía evitar la pregunta.
—El proyecto está previsto para durar seis meses.
Marla sintió un pequeño vacío en el pecho.
Seis meses.
Habían tardado meses en encontrarse.
Y ahora el tiempo parecía tener fecha de vencimiento.
—¿Y después?
—Regresaré a Canadá.
Marla asintió lentamente.
—Entiendo.
Noah la observó.
—Marla...
—Está bien.
Intentó sonreír.
—Sabía desde el principio que estabas aquí por trabajo.
Pero ahora todo era diferente.
Antes podía pensar que las cartas durarían para siempre.
Ahora sabía que había una fecha en el calendario.
Noah extendió la mano sobre la mesa.
—No quiero que pienses en eso todavía.
—¿Y si debería hacerlo?
Él no respondió inmediatamente.
Porque la verdad era que también tenía miedo.
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Esa noche, Marla abrió la aplicación.
Durante meses había escrito para un desconocido.
Ahora tenía a Noah frente a ella.
Pero, por primera vez, no sabía qué decirle.
Abrió una carta.
Escribió:
"Tengo miedo de que esto termine antes de empezar."
La leyó.
No la envió.
La borró.
Después escribió otra.
"Hoy descubrí que seis meses pueden parecer demasiado poco."
Tampoco la envió.
Finalmente cerró la aplicación.
No quería esconderse detrás de las palabras.
Si tenía algo que decirle...
Esta vez tendría que hacerlo mirándolo a los ojos.