Capítulo 39
Lo que todavía no decimos
La noticia de la extensión cambió el ánimo de Marla.
Ya no sentía que cada momento con Noah tuviera una fecha de vencimiento.
Podían conocerse sin pensar constantemente en una despedida.
Sin embargo, algo había cambiado.
Ahora que sabía que él permanecería más tiempo en el país, comenzó a preguntarse qué significaba realmente aquella relación.
No eran simplemente amigos.
Tampoco habían hablado de ser algo más.
Estaban en ese territorio incierto donde una mirada podía decir demasiado y una palabra podía cambiarlo todo.
---
Una tarde, mientras caminaban por la universidad, Marla se detuvo frente a un jardín.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Claro.
—¿Qué somos?
Noah dejó de caminar.
La pregunta había llegado.
Sabía que algún día ocurriría.
—No lo sé.
Marla bajó la mirada.
—Yo tampoco.
—Pero sé algo.
Ella volvió a mirarlo.
—¿Qué?
—No quiero que esto sea una aventura pasajera.
Marla sintió que el corazón le daba un vuelco.
—¿Y qué quieres?
Noah respiró profundamente.
—Quiero conocerte sin apresurar nada.
Quiero saber quién eres cuando estás feliz, cuando estás cansada, cuando estás enojada.
Quiero conocer tus sueños.
Tus defectos.
Tus pequeñas manías.
Y quiero que tú puedas hacer lo mismo conmigo.
Marla sonrió suavemente.
—Eso suena bien.
—Porque es lo que siento.
---
Esa noche, Marla abrió el libro que Noah le había regalado.
Pasó las primeras páginas lentamente.
En una de ellas encontró un pequeño papel doblado.
Lo abrió.
Había una frase escrita a mano.
"No sé cuándo empezó a importarme tanto tu presencia."
Marla se quedó inmóvil.
No había firma.
Pero sabía perfectamente quién lo había escrito.
Guardó el papel dentro del libro.
No quería perderlo.
---
Al día siguiente, Noah recibió un mensaje de su hermana.
"¿Ya conociste a alguien?"
Él sonrió.
No respondió inmediatamente.
Finalmente escribió:
"Quizá."
La respuesta llegó casi al instante.
"Eso significa que sí."
Noah soltó una carcajada.
"No es tan sencillo."
"Nunca lo es cuando importa."
Noah dejó el teléfono sobre la mesa.
La frase de su hermana se quedó en su mente.
Quizá tenía razón.
---
Esa tarde, Marla recibió una invitación.
Una gala benéfica reuniría a empresarios, arquitectos, estudiantes destacados y representantes de varias organizaciones turísticas.
La universidad le había asignado una invitación.
Cuando se lo contó a Noah, él sonrió.
—Entonces tendremos que ir.
—¿Juntos?
—Si quieres.
Marla sintió nervios.
—Creo que sí.
Noah la miró.
—Será una buena oportunidad para verte elegante.
—¿Y ahora no estoy elegante?
—No dije eso.
Ella sonrió.
—Más te vale.
Ambos rieron.
Pero ninguno sabía que aquella gala cambiaría la forma en que los demás comenzarían a verlos.
Porque algunas relaciones pueden mantenerse en secreto durante un tiempo.
Hasta que una sola fotografía basta para revelar lo que dos personas todavía no se atreven a admitir.