El segundo beso
Marla pasó toda la tarde pensando en la última frase de Noah.
«Esta vez no voy a esperar hasta una gala para besarte.»
No sabía si sentirse nerviosa o emocionada.
Probablemente ambas cosas.
Cuando llegó la noche, Noah la esperaba cerca de la entrada de la universidad.
—Hola —dijo él.
—Hola.
Se miraron durante unos segundos.
—¿Y ahora qué? —preguntó Marla.
Noah sonrió.
—Ahora te llevo a cenar.
—¿Eso es todo?
—Por ahora.
La cena transcurrió entre risas y conversaciones.
Pero había algo diferente.
Cada vez que sus miradas se encontraban, ambos recordaban el beso de la noche anterior.
Al terminar, caminaron hasta un parque cercano.
Las luces iluminaban tenuemente los senderos.
Marla se detuvo frente a una fuente.
—Me gusta este lugar.
—A mí también.
Noah se acercó.
—Marla.
—¿Sí?
—Quiero preguntarte algo.
Ella levantó la mirada.
—¿Qué?
—¿Te arrepientes de lo que pasó anoche?
Marla negó lentamente.
—No.
—¿Estás segura?
—Completamente.
Noah dio un paso hacia ella.
—Entonces creo que puedo hacer algo que llevo todo el día queriendo hacer.
Marla sonrió.
—¿Y qué estás esperando?
Noah la miró durante un instante.
Después tomó suavemente su mano y se inclinó.
El segundo beso fue diferente.
Ya no había sorpresa.
Ya no había dudas.
Solo dos personas que habían decidido acercarse.
Cuando se separaron, Marla permaneció junto a él.
—Ahora sí complicamos las cosas —susurró.
Noah sonrió.
—Creo que hace tiempo que estaban complicadas.
Ella soltó una risa.
—Puede ser.
Él entrelazó sus dedos con los de ella.
Y continuaron caminando.
Esta vez, ninguno intentó esconder lo que sentía.