Demasiado cerca
Al día siguiente, Marla despertó con una sonrisa que no pudo explicar.
Bueno... sí podía explicarla.
Era Noah.
Desde el segundo beso, algo había cambiado entre ellos.
Ya no necesitaban preguntarse si existía atracción.
La respuesta estaba en cada mirada.
En cada sonrisa.
En cada silencio que duraba un poco más de lo normal.
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Aquella tarde, Noah la invitó a caminar por una pequeña plaza.
—Tengo algo para ti —dijo.
Marla lo miró con curiosidad.
—¿Otra sorpresa?
—Esta es pequeña.
Sacó de su bolsillo una fotografía.
Era la imagen que habían tomado juntos en la playa.
Marla la sostuvo entre los dedos.
—¿La imprimiste?
—Sí.
—¿Por qué?
Noah se encogió de hombros.
—Porque no quiero que todos nuestros recuerdos estén guardados solamente en un teléfono.
Marla sonrió.
—Es preciosa.
—Tú la haces preciosa.
Ella levantó la mirada.
—¿Siempre tienes una respuesta para todo?
—Solo cuando estoy contigo.
Marla negó con la cabeza, intentando ocultar la sonrisa.
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Siguieron caminando hasta llegar a un pequeño mirador.
El cielo estaba comenzando a oscurecer.
Marla se apoyó en la baranda.
Noah se colocó a su lado.
—¿Sabes qué estaba pensando? —preguntó ella.
—¿Qué?
—Que todo esto comenzó con una carta.
—Y ahora estamos aquí.
—Sí.
Marla sonrió.
—Es extraño.
—Bonito extraño.
Ella lo miró.
—Bonito extraño.
Noah se acercó un poco.
Marla no retrocedió.
Sus manos se encontraron.
Los dedos se entrelazaron.
—Noah...
—¿Sí?
—Creo que me estoy acostumbrando demasiado a ti.
Él sonrió.
—Yo ya me acostumbré demasiado a ti.
Marla soltó una pequeña risa.
—Eso podría ser peligroso.
—Probablemente.
Se quedaron mirándose.
Noah levantó lentamente una mano y acarició su mejilla.
Esta vez no hubo ninguna pregunta.
Marla cerró los ojos.
Él se inclinó y la besó.
Fue un beso breve, dulce y lleno de una ternura diferente.
Cuando se separaron, Marla apoyó la frente contra la de él.
—Creo que definitivamente estamos complicados.
Noah sonrió.
—Y todavía no me arrepiento.
Ella tampoco.
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Sin embargo, ninguno vio a la persona que los observaba desde el otro lado de la plaza.
Una mujer sostenía su teléfono entre las manos.
Había reconocido a Noah.
Y, sobre todo, había reconocido a la joven que estaba junto a él.
Tomó una fotografía.
Después otra.
Miró la pantalla durante unos segundos.
Y finalmente envió un mensaje.
«Creo que encontré a Noah.»
La respuesta llegó casi inmediatamente.
«¿Con quién está?»
La mujer volvió a mirar la fotografía.
Su expresión cambió.
«Con una chica.»
Tres puntos aparecieron en la pantalla.
Después llegó una última respuesta:
«Necesito saber quién es.»
Mientras tanto, Marla y Noah seguían caminando sin sospechar nada.
Porque algunas historias de amor comienzan con una coincidencia.
Pero también pueden atraer la atención de personas que preferirían que nunca hubieran ocurrido.