Hasta que llegue tu Carta

Capítulo 46

La parte de mí que no conoces

Noah pasó el resto de la mañana intentando concentrarse.

No pudo.

La fotografía seguía apareciendo en su mente.

Alguien los había estado siguiendo.

Y ahora alguien sabía que Marla era importante para él.

Eso era lo que más le preocupaba.

No tenía miedo por sí mismo.

Tenía miedo de que aquella persona pudiera acercarse a ella.

—Estás demasiado callado —dijo Marla.

Noah levantó la mirada.

Estaban sentados en una cafetería de la universidad.

—Estoy pensando.

—Eso ya lo sé.

Ella tomó un sorbo de su bebida.

—La pregunta es: ¿en qué?

Noah permaneció en silencio.

Finalmente dejó el teléfono sobre la mesa.

—Hay algo que quiero contarte.

Marla lo observó atentamente.

—Te escucho.

—Antes de venir a República Dominicana trabajé en varios proyectos importantes.

—Eso lo sé.

—Pero no sabes todo.

Marla frunció ligeramente el ceño.

—¿Qué quieres decir?

Noah respiró profundamente.

—Mi familia tiene negocios en Canadá. Grandes negocios.

Marla guardó silencio.

—¿Y?

—Y algunas personas relacionadas con ellos no son precisamente personas con las que me gustaría que tuvieras contacto.

Ella comprendió que aquello era más serio de lo que parecía.

—¿Estás en peligro?

—No exactamente.

—Noah.

Él tomó su mano.

—No quiero mentirte.

Alguien está intentando ponerse en contacto conmigo.

Marla sintió un escalofrío.

—¿Quién?

—No lo sé todavía.

—¿Y por qué?

—Probablemente por asuntos de mi familia.

Ella lo miró durante varios segundos.

—¿Y por qué no me lo dijiste antes?

Noah bajó la mirada.

—Porque cuando estoy contigo quiero ser simplemente Noah.

No el arquitecto.

No el hijo de una familia complicada.

No el hombre que tiene problemas que resolver.

Solo Noah.

Marla apretó suavemente su mano.

—Yo nunca te pedí que fueras otra persona.

Él levantó la mirada.

—Lo sé.

—Entonces no vuelvas a decidir por mí qué cosas puedo soportar.

Noah permaneció en silencio.

Aquellas palabras le dolieron porque sabía que ella tenía razón.

Esa noche, Noah acudió solo al lugar indicado en el mensaje.

Era un estacionamiento casi vacío.

Miró alrededor.

—Estoy aquí.

Una figura apareció desde las sombras.

Noah reconoció inmediatamente el rostro.

—Tú...

El hombre sonrió.

—Ha pasado mucho tiempo.

—¿Qué quieres?

—Lo mismo que siempre quiso mi familia.

Noah endureció la expresión.

—No vuelvas a involucrarme en eso.

—Ya estás involucrado.

El hombre sacó su teléfono y mostró nuevamente la fotografía de Marla.




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