Ever Ever After
La noche estaba tranquila.
Marla estaba sentada junto a la ventana de su habitación, con las luces apagadas y la ciudad extendiéndose frente a ella.
Tenía los auriculares puestos.
Una canción sonaba suavemente.
“Ever Ever After”, de Carrie Underwood.
Marla cerró los ojos.
La melodía consiguió llevarla lejos de todo.
Por unos minutos no existían los problemas.
No existía el miedo.
No existían las preguntas.
Solo estaba ella y todo aquello que sentía.
Pensó en Noah.
En cómo había llegado a su vida de la manera más inesperada.
Una carta.
Una conversación.
Un encuentro casual.
Una sonrisa.
Después otro encuentro.
Y otro.
Hasta terminar descubriendo que aquel desconocido que había aprendido a querer ya estaba mucho más cerca de lo que imaginaba.
Marla abrió los ojos.
—¿En qué momento pasó esto? —susurró.
No tenía una respuesta.
Quizá había comenzado con aquella primera carta.
Quizá con el primer café.
O quizá mucho antes.
Quizá algunas personas entraban en nuestra vida sin avisar porque estaban destinadas a cambiarla.
La canción continuaba.
Marla sonrió ligeramente.
Siempre había pensado que las historias de amor tenían que ser perfectas.
Que después de encontrar a la persona indicada todo se solucionaba.
Ahora sabía que no era así.
El amor también podía traer miedo.
Dudas.
Inseguridad.
Y preguntas para las que todavía no tenía respuesta.
Pensó en las palabras de Noah.
"Cuando estoy contigo quiero ser simplemente Noah."
Marla apoyó la cabeza contra el cristal.
—Y yo quiero que puedas serlo.
No quería enamorarse de una versión perfecta de él.
Quería conocer al verdadero Noah.
Incluso aquellas partes que todavía no le había mostrado.
Tomó el teléfono.
Abrió la conversación con Noah.
Escribió:
«¿Estás bien?»
Esperó.
No apareció ninguna respuesta.
Marla frunció el ceño.
Volvió a escribir.
«Noah, sé que algo ocurre.»
Nada.
Miró la hora.
Ya era bastante tarde.
Una sensación incómoda comenzó a crecer dentro de ella.
No sabía qué estaba haciendo Noah.
Pero sabía que estaba enfrentando algo.
Y no quería quedarse esperando mientras él cargaba solo con todo aquello.
Mientras tanto, Noah permanecía sentado dentro de su automóvil.
Miraba la pantalla de su teléfono.
Había visto los mensajes de Marla.
No sabía qué responder.
Podía decirle que todo estaba bien.
Podía mentir.
Pero ya había decidido que no quería volver a hacerlo.
Finalmente escribió:
«Estoy bien. Solo necesito resolver algo.»
Marla leyó el mensaje.
No le creyó.
Sin embargo, respondió:
«No tienes que resolverlo todo solo.»
Noah cerró los ojos.
Aquella frase llegó justo donde más dolía.
Después apareció otro mensaje.
«Y no tienes que protegerme ocultándome las cosas.»
Noah se quedó inmóvil.
Por primera vez entendió que quizá proteger a Marla no significaba mantenerla lejos.
Quizá significaba confiar en ella.
Marla volvió a colocar la canción.
La melodía comenzó nuevamente.
Miró por la ventana y sonrió con tristeza.
No sabía qué iba a ocurrir.
No sabía qué escondía Noah.
No sabía si su historia tendría ese final feliz que tantas veces había imaginado.
Pero sí sabía algo.
No quería huir.
Porque después de haber encontrado a alguien que le hacía sentir tanto...
no estaba dispuesta a dejarlo ir sin luchar por su propia historia.