La promesa
Al día siguiente, Marla despertó con una sensación extraña.
No era miedo exactamente.
Era intuición.
Como si algo estuviera a punto de cambiar.
Tomó su teléfono y encontró un mensaje de Noah.
Noah:
Necesito verte.
Marla respondió inmediatamente.
Marla:
¿Pasó algo?
La respuesta tardó unos segundos.
Noah:
Quiero contarte todo.
Marla sintió un nudo en el estómago.
Se encontraron esa tarde en el mismo lugar donde habían hablado por primera vez después de descubrir sus identidades.
Noah ya la estaba esperando.
Cuando la vio, sonrió, pero Marla notó que algo no estaba bien.
—¿Qué sucede?
Noah respiró profundamente.
—Ayer recibí una amenaza.
La sonrisa de Marla desapareció.
—¿Qué?
—Alguien nos fotografió.
Sacó el teléfono y le mostró la imagen.
Marla se quedó inmóvil.
Era la fotografía de ambos en el mirador.
—¿Quién hizo esto?
—No lo sé.
—¿Y qué quieren?
Noah bajó la mirada.
—Que me aleje de ciertas personas y que vuelva a ocuparme de asuntos de mi familia.
Marla permaneció en silencio.
Después preguntó:
—¿Y qué vas a hacer?
Noah levantó los ojos.
—No lo sé.
Ella tomó su mano.
—Entonces averígualo conmigo.
—Marla...
—No voy a fingir que esto no me asusta.
Pero tampoco voy a dejar que decidas por mí.
Noah apretó suavemente sus dedos.
—Tengo miedo de que te pase algo por estar conmigo.
—Y yo tengo miedo de perderte porque tengas miedo.
Aquella respuesta lo dejó sin palabras.
Marla se acercó.
—No sé qué va a pasar.
No sé quiénes son esas personas.
Pero sé algo.
No quiero que nuestro primer problema sea suficiente para separarnos.
Noah la miró durante varios segundos.
—Te prometo que voy a protegerte.
Marla negó suavemente.
—No.
Él frunció el ceño.
—¿No?
—Prométeme que vas a confiar en mí.
Noah sonrió.
—Te lo prometo.
Marla entrelazó sus dedos con los de él.
Y durante unos segundos ambos olvidaron la amenaza.
Porque, aunque el peligro se acercaba lentamente...
también había algo que se hacía más fuerte.
La decisión de permanecer juntos.