El día que Marla decidió enfrentarlo
Marla había pasado toda la noche pensando.
No había conseguido dormir más de unas horas.
Cada vez que cerraba los ojos veía aquella fotografía.
Ella entrando a la universidad.
Ella caminando con Noah.
Ella sonriendo.
Alguien la estaba observando.
Y lo peor no era saber que existía alguien capaz de hacerlo.
Lo peor era sentir que Noah seguía intentando protegerla manteniéndola al margen.
Había prometido confiar en ella.
Y ella había prometido no dejarlo solo.
Por eso, aquella mañana tomó una decisión.
No iba a esperar.
No iba a quedarse en casa mientras Noah enfrentaba a personas que podían hacerle daño.
Y tampoco iba a permitir que utilizaran su nombre para controlarlo.
—¿Estás segura de esto? —preguntó Noah.
Estaban en el estacionamiento de la universidad.
Marla lo miró directamente.
—Sí.
—Marla, esto no es una discusión cualquiera.
—Lo sé.
—Puede ponerse feo.
—También lo sé.
Noah negó con la cabeza.
—No quiero que estés ahí.
—Y yo no quiero volver a enterarme de las cosas después de que ocurran.
—Estoy intentando protegerte.
—Y yo estoy intentando estar contigo.
Las palabras quedaron suspendidas entre ambos.
Noah cerró los ojos.
—No sabes cuánto me asusta que algo te pase.
La voz se le quebró ligeramente.
Marla se acercó.
—Y tú no sabes cuánto me duele verte cargar con todo solo.
Noah la miró.
Ella tomó su mano.
—No voy porque quiera pelear.
Voy porque quiero que sepan que no pueden decidir por nosotros.
Noah permaneció en silencio.
Finalmente asintió.
—Entonces no te separes de mí.
—No lo haré.
El lugar de encuentro estaba en las afueras de la ciudad.
Era un edificio antiguo utilizado como oficina privada.
Cuando llegaron, Noah bajó primero del automóvil.
Marla lo siguió.
Dos hombres estaban esperando en la entrada.
Uno de ellos sonrió al verla.
—Así que ella es Marla.
Noah se colocó inmediatamente delante de ella.
—No la menciones.
El hombre soltó una risa.
—Parece que finalmente encontramos tu punto débil.
Marla sintió que el miedo le recorría el cuerpo.
Pero no retrocedió.
—No soy su punto débil.
Los hombres la miraron.
—¿Qué dijiste?
Marla dio un paso hacia adelante.
—Que no soy su debilidad.
Soy la persona que él eligió.
Noah giró ligeramente la cabeza hacia ella.
—Marla...
—No.
Ella negó.
—Déjame hablar.
El hombre se cruzó de brazos.
—Tienes carácter.
—Tengo suficiente para decirles que lo dejen en paz.
El hombre se acercó.
—No tienes idea de con quién estás hablando.
—Y ustedes tampoco saben con quién están hablando.
La tensión aumentó.
Noah tomó suavemente el brazo de Marla.
—Ya basta.
Pero entonces otro hombre salió del edificio.
Era el mismo que Noah había encontrado anteriormente.
—Sabía que vendrías —dijo.
Noah endureció la mirada.
—Te dije que no la involucraras.
—Ella se involucró sola.
Marla lo miró.
—Porque estoy cansada de que todos hablen de mí como si no estuviera aquí.
El hombre sonrió.
—Eso puede cambiar.
—¿Qué significa eso?
—Significa que si Noah no hace lo que le pedimos, habrá consecuencias.
Noah dio un paso adelante.
—No vuelvas a amenazarla.
—¿O qué?
La discusión subió de tono.
Las voces comenzaron a cruzarse.
Marla intentó mantener la calma, pero el miedo estaba creciendo dentro de ella.
—¡Ya basta! —gritó.
Todos quedaron en silencio.
Marla respiró profundamente.
—¿Qué quieren de él?
El hombre respondió:
—Que vuelva a ocupar el lugar que le corresponde.
—¿Y si no quiere?
—Entonces pagará las consecuencias.
Marla negó con la cabeza.
—Eso no es una familia.
Es una prisión.
El rostro del hombre cambió.
—Ten cuidado.
—No.
Marla sintió lágrimas en los ojos.
—Estoy cansada de tener miedo.
Todo ocurrió demasiado rápido.
Uno de los hombres se acercó a Noah.
—No vuelvas a desafiar a la familia.
Noah lo empujó para apartarlo.
El hombre reaccionó.
La discusión se convirtió en un forcejeo.
—¡Noah!
Marla intentó acercarse.
Otro hombre la sujetó del brazo.
—¡Suéltame!
Ella tiró de su brazo.
—¡Suéltala! —gritó Noah.
La situación se volvió caótica.
Hubo empujones.
Gritos.
Golpes contra una mesa.
Una silla cayó al suelo.
Marla sintió que alguien la soltaba de repente y retrocedió.