Hasta que llegue tu Carta

Pensamientos de marla

Lo que nunca le dije a Noah

A veces me pregunto en qué momento comenzó todo.

Quizá fue aquella primera carta.

Quizá fue la primera vez que leí sus palabras y sentí que alguien, al otro lado de una pantalla, podía entender cosas que yo ni siquiera sabía explicar.

O quizá comenzó mucho antes.

Quizá algunas personas llegan a nuestra vida antes de que sepamos que las estábamos esperando.

Noah llegó así.

Sin avisar.

Sin pedir permiso.

Y terminó ocupando un espacio en mi corazón que jamás había pensado entregarle a nadie.

Cuando descubrí que mi desconocido era él, pensé que todo cambiaría.

Y cambió.

Pero no de la manera que esperaba.

Descubrí que aquel hombre con quien había compartido tantas cartas era el mismo que me hacía sonreír cuando nos cruzábamos por casualidad.

El mismo que me ofrecía un café.

El mismo que me miraba como si quisiera decir algo y después se quedaba en silencio.

El mismo que terminó convirtiéndose en la persona que más quería ver cada día.

Y entonces tuve miedo.

Porque conocerlo de verdad significaba que también podía perderlo de verdad.

Recuerdo nuestro primer beso.

Todavía cierro los ojos y puedo volver a ese instante.

La música.

Las luces.

Su mano.

Su voz preguntándome si quería que se alejara.

Yo podría haber dicho que sí.

Pero no lo hice.

Porque la verdad era que llevaba demasiado tiempo esperando que ocurriera.

Cuando sus labios tocaron los míos, sentí que todas aquellas cartas finalmente habían encontrado un lugar donde existir.

Fue un beso sencillo.

Pero cambió todo.

Después vino el segundo.

Y el tercero.

Y cada vez me resultaba más difícil fingir que Noah era solamente alguien especial.

Porque ya no era eso.

Me estaba enamorando.

Después apareció su pasado.

Y con él llegó el miedo.

Amenazas.

Fotografías.

Personas que no conocía.

Secretos que Noah todavía no estaba preparado para contarme.

Al principio me dolió.

Pensé que quizá no confiaba en mí.

Después comprendí que no era eso.

Estaba intentando protegerme.

Pero también descubrí algo sobre mí.

Yo no quería una relación donde solo pudiera estar presente cuando todo fuera perfecto.

Quería estar también cuando las cosas fueran difíciles.

Por eso decidí enfrentarlo.

Y aquel día lloré.

Lloré porque tuve miedo.

Lloré porque lo vi lastimarse.

Lloré porque comprendí que amar a alguien también significaba descubrir que no siempre podías salvarlo.

Y cuando Noah lloró conmigo...

algo dentro de mí cambió.

Porque por primera vez dejé de verlo como el hombre que podía protegerme de todo.

Lo vi simplemente como Noah.

Un hombre que también tenía miedo.

Un hombre que también necesitaba que alguien lo abrazara.

Nunca se lo he dicho, pero cuando lo veo dormir siento una paz extraña.

Lo observo y pienso:

"¿Cómo llegaste hasta aquí?"

¿Cómo terminaste siendo tú?

De todas las personas del mundo...

¿por qué tú?

No tengo una respuesta.

Pero tampoco quiero buscarla.

Porque quizá algunas historias no necesitan explicación.

Solo necesitan ser vividas.

Tengo miedo de lo que pueda ocurrir.

Sería mentira decir que no.

Tengo miedo de su pasado.

Tengo miedo de las personas que quieren separarnos.

Tengo miedo de que un día tenga que despedirme de él.

Tengo miedo de quererlo demasiado.

Pero hay algo que me da todavía más miedo.

Imaginar mi vida sin haber intentado luchar por nosotros.

Porque prefiero llorar por haber amado...

que pasar el resto de mi vida preguntándome qué habría ocurrido si me hubiera quedado.

Noah piensa que tiene que protegerme.

Pero todavía no entiende algo.

Yo no necesito que me prometa que nunca me hará daño.

Necesito que me permita caminar a su lado.

No quiero un amor perfecto.

Quiero uno verdadero.

Uno donde podamos tener miedo y aun así quedarnos.

Donde podamos discutir y después hablar.

Donde podamos llorar sin sentir vergüenza.

Donde podamos mirarnos y saber que, aunque el mundo se vuelva complicado, todavía nos tenemos.

A veces vuelvo a escuchar aquella canción que sonaba mientras pensaba en él.

Cierro los ojos y recuerdo todo.

La primera carta.

El primer encuentro.

La primera sonrisa.

El primer beso.

La primera lágrima.

Y entonces sonrío.

Porque nuestra historia todavía no ha terminado.

Todavía quedan demasiadas páginas.

Demasiadas cosas por decir.

Demasiados recuerdos por construir.

Y si algún día Noah me pregunta cuándo supe que lo amaba...

probablemente no sabré qué responder.

Porque quizá no existió un momento exacto.

Quizá me fui enamorando poco a poco.




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