Hasta que llegue tu Carta

Capítulo 52

Capítulo 52

Después de las lágrimas

La mañana llegó demasiado pronto.

Marla había dormido poco.

Cada vez que cerraba los ojos, volvía a escuchar los gritos del día anterior.

Los golpes.

La discusión.

La voz desesperada de Noah diciéndole que saliera de allí.

Y después aquel abrazo.

Había llorado tanto que sentía los ojos pesados.

Pero, por primera vez, no quería esconder lo que sentía.

Cuando salió de su habitación, encontró a Noah en la cocina.

Él estaba preparando café.

Al verla, dejó inmediatamente lo que estaba haciendo.

—¿Cómo amaneciste?

Marla se encogió de hombros.

—Cansada.

Noah se acercó.

—¿Te duele algo?

—No.

Hizo una pausa.

—Bueno... un poco el brazo.

Noah frunció el ceño.

—¿Dónde?

Marla señaló su brazo.

Él lo observó con preocupación.

Había una marca rojiza donde la habían sujetado el día anterior.

—Marla...

—Estoy bien.

—No deberías decir eso si no lo estás.

Ella levantó la mirada.

—Y tú tampoco.

Noah guardó silencio.

Marla sonrió débilmente.

—Creo que tenemos que dejar de decir que estamos bien cuando no lo estamos.

Él soltó una pequeña risa.

—Probablemente.

Se sentaron juntos.

Durante unos minutos no hablaron.

No necesitaban hacerlo.

Marla tomó su taza entre las manos.

—Ayer pensé que iba a perderte.

Noah la miró.

—Yo también pensé que podía perderte.

Ella bajó la mirada.

—Fue horrible.

—Lo sé.

—No quiero volver a vivir algo así.

Noah tomó su mano.

—No volverá a ocurrir.

Marla lo miró.

—No me prometas cosas que no puedes controlar.

Noah respiró profundamente.

—Tienes razón.

Entonces cambió la frase.

—Haré todo lo que esté en mis manos para que no vuelva a ocurrir.

Marla sonrió.

—Eso sí te lo creo.

Más tarde, Noah recibió una llamada.

Su expresión cambió.

Marla lo notó.

—¿Quién era?

—Mi abogado.

—¿Y?

—Dice que consiguió información sobre las personas que nos están amenazando.

Marla dejó la taza sobre la mesa.

—¿Sabemos quiénes son?

Noah asintió lentamente.

—Sí.

—¿Quién?

Él la miró.

—Personas relacionadas con un antiguo negocio de mi familia.

Marla sintió un escalofrío.

—¿Y qué quieren ahora?

—Quieren que regrese.

—¿A qué?

Noah tardó unos segundos en responder.

—A una empresa que abandoné hace años.

Marla lo observó.

—¿Por qué la abandonaste?

Noah bajó la mirada.

—Porque no quería convertirme en la persona que ellos esperaban que fuera.

Aquella respuesta hizo que Marla entendiera algo.

El conflicto no era solamente económico.

Era personal.

Noah había estado huyendo de una vida que nunca quiso.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó ella.

Noah la miró.

—Voy a cerrar ese capítulo.

—¿Cómo?

—Legalmente.

Marla sonrió.

—Entonces no tendrás que hacerlo solo.

Noah arqueó una ceja.

—¿Qué estás pensando?

—Que voy a ayudarte.

—Marla...

—No voy a pelear con nadie.

Ella levantó las manos.

—Prometido.

Pero sí puedo estar contigo mientras resuelves esto.

Noah sonrió.

—Eres imposible.

—Y aun así me quieres.

Él se quedó mirándola.

—Sí.

Marla dejó de sonreír por un instante.

Noah se acercó.

—Mucho más de lo que debería.

Ella sintió que el corazón le latía rápidamente.

—No existe un "debería".

—Entonces mucho más de lo que imaginaba.

Marla sonrió.

—Eso me gusta más.

Noah la besó suavemente.

Esta vez no hubo miedo.

Solo tranquilidad.

Sin embargo, mientras ellos intentaban recuperar la normalidad, alguien estaba observándolos desde un automóvil estacionado frente al edificio.




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