Capítulo 53
Una nueva amenaza
Marla intentó convencerse de que aquella mañana sería diferente.
Quería volver a la normalidad.
Quería ir a clases, reír con sus compañeros y pasar la tarde con Noah sin pensar en amenazas.
Pero después de lo ocurrido, la tranquilidad ya no se sentía igual.
Había aprendido que el peligro podía aparecer incluso en los momentos más normales.
Al salir de la universidad, encontró un pequeño sobre dentro de su bolso.
No recordaba haberlo guardado allí.
Se quedó mirándolo.
No tenía nombre.
No tenía dirección.
Solo una palabra escrita en la parte frontal:
MARLA.
Sintió un escalofrío.
Miró alrededor.
Nadie parecía estar observándola.
Abrió el sobre.
Dentro había una fotografía.
Era ella.
Estaba caminando junto a Noah la noche anterior.
En el reverso había una frase:
«Él no podrá protegerte para siempre.»
Marla dejó de respirar por un instante.
Sus manos comenzaron a temblar.
Guardó rápidamente la fotografía.
Lo primero que hizo fue llamar a Noah.
—¿Dónde estás? —preguntó él al contestar.
—Necesito verte.
Su voz temblaba.
Noah lo notó inmediatamente.
—¿Qué pasó?
—Solo ven.
Quince minutos después, Noah apareció.
Marla le entregó el sobre.
Él observó la fotografía.
Su rostro cambió.
—¿Dónde encontraste esto?
—Dentro de mi bolso.
Noah levantó la mirada.
—¿Estás segura?
—Sí.
—¿Alguien se acercó a ti?
—No lo sé.
Noah respiró profundamente.
Intentó mantener la calma.
—Vamos a irnos de aquí.
—Noah...
—Ahora.
Marla asintió.
En el automóvil, Noah permaneció en silencio.
Marla podía ver la tensión en sus manos.
—Estás enojado.
—Estoy preocupado.
—Es diferente.
—Estoy muy preocupado.
Ella tomó su mano.
—Mírame.
Noah la miró.
—Estoy aquí.
—Eso no significa que estés a salvo.
—Tampoco significa que debas alejarme.
Noah suspiró.
—No quiero que pagues por mis problemas.
—Entonces deja de tratarme como si fuera una niña.
Él guardó silencio.
Marla continuó:
—No soy una persona indefensa.
Puedo sentir miedo y aun así enfrentar las cosas.
Noah apretó suavemente su mano.
—Lo sé.
—Entonces confía en mí.
—Confío en ti.
—Demuéstramelo.
Esa noche, Noah llevó a Marla a un lugar seguro.
Un apartamento perteneciente a un amigo suyo.
—Te quedarás aquí esta noche.
Marla miró alrededor.
—¿Y tú?
—Voy a resolver unas cosas.
—No.
—Marla...
—No voy a quedarme aquí mientras tú sales a enfrentarte a ellos.
Noah se acercó.
—No voy a enfrentarme a nadie.
Voy a hablar con mi abogado.
—¿Seguro?
—Seguro.
Marla finalmente asintió.
Antes de irse, Noah la abrazó.
—Te quiero.
Ella se quedó inmóvil.
Era la primera vez que él lo decía directamente.
—¿Qué dijiste?
Noah sonrió.
—Que te quiero.
Los ojos de Marla se llenaron de lágrimas.
—Dilo otra vez.
—Te quiero.
Ella lo abrazó con fuerza.
—Yo también te quiero.
Por unos segundos, el miedo desapareció.
Pero cuando Noah salió del edificio, su teléfono vibró.
Un mensaje desconocido.
«Bonita declaración.»
Noah se detuvo.
Después llegó otro.
«Ahora veremos cuánto dura.»
Noah miró hacia las ventanas del apartamento.
Sabía que Marla estaba allí.
Su expresión cambió.
Esta vez no permitiría que el miedo decidiera por él.
Guardó el teléfono.
Y comenzó a caminar.
Porque si aquellas personas querían una guerra...
habían cometido un error al convertir a Marla en el motivo por el que Noah estaba dispuesto a luchar.