Hasta que llegue tu Carta

Capítulo 54

Capítulo 54

No voy a esconderme

Noah no regresó aquella noche.

Marla intentó dormir, pero cada vez que cerraba los ojos volvía a ver el mensaje.

«Ahora veremos cuánto dura.»

No sabía si debía sentir miedo o rabia.

Quizá ambas.

A las dos de la madrugada se levantó de la cama y caminó hasta la ventana.

La ciudad estaba tranquila.

Demasiado tranquila.

Tomó el teléfono.

Noah no había escrito.

Marla comenzó a preocuparse.

Marla:

¿Estás bien?

Nada.

Esperó cinco minutos.

Después diez.

Finalmente apareció una respuesta.

Noah:

Sí. Estoy resolviendo todo.

Marla apretó los labios.

No quería otra mentira.

Marla:

Prométeme que no estás solo.

Los tres puntos aparecieron.

Desaparecieron.

Volvieron a aparecer.

Noah:

No estoy solo.

Marla respiró aliviada.

Pero todavía sentía que algo no estaba bien.

A la mañana siguiente, Noah apareció en el apartamento.

Marla abrió la puerta y lo observó detenidamente.

—¿Dormiste?

—Un poco.

—¿Comiste?

—También.

—¿Estás herido?

Noah sonrió.

—No.

Marla cruzó los brazos.

—Entonces entra.

Él obedeció.

Apenas cerró la puerta, Marla lo abrazó.

Noah quedó sorprendido.

Después la rodeó con sus brazos.

—Pensé que no volverías —susurró ella.

—Te dije que volvería.

—Lo sé.

Marla escondió el rostro contra su pecho.

—Pero tengo miedo.

Noah acarició su cabello.

—Yo también.

Se separaron lentamente.

—Noah...

—¿Sí?

—Ayer dijiste que me querías.

—Sí.

—Quiero que entiendas algo.

Ella tomó sus manos.

—No quiero que me quieras desde lejos para mantenerme segura.

Noah la miró en silencio.

—Quiero estar contigo de verdad.

—Marla...

—Incluso si tienes problemas.

Incluso si tienes miedo.

Incluso si las cosas se ponen difíciles.

No quiero que desaparezcas cada vez que algo sucede.

Noah bajó la mirada.

—Tengo miedo de perderte.

—Entonces no me pierdas intentando protegerme.

Aquella frase lo dejó sin palabras.

Finalmente sonrió.

—Está bien.

Horas después, Noah recibió una llamada de su abogado.

Habían encontrado pruebas suficientes para identificar a las personas detrás de las amenazas.

Pero había algo más.

Una de ellas tenía acceso a información privada de Noah.

Direcciones.

Horarios.

Contactos.

Y posiblemente información sobre Marla.

Noah sintió que el estómago se le cerraba.

—¿Qué podemos hacer?

—Presentar una denuncia formal y solicitar protección —respondió el abogado—. Pero necesitamos que no tengan ningún contacto con ellos.

—Entendido.

Colgó.

Marla estaba detrás de él.

—¿Qué pasa?

Noah se giró.

—Tenemos que hablar.

Le explicó todo.

Esta vez no ocultó nada.

Marla escuchó en silencio.

Cuando terminó, preguntó:

—¿Entonces ya saben dónde estoy?

—Probablemente.

Ella respiró profundamente.

—Tengo miedo.

Noah se acercó.

—Lo siento.

—No quiero que vuelvas a decirme eso.

—¿Por qué?

—Porque esto no es culpa tuya.

Marla tomó aire.

—Y tampoco es culpa mía.

Noah asintió.

—Tienes razón.

Ella sonrió débilmente.

—Entonces vamos a enfrentar esto como dos personas que se quieren.

Noah tomó su rostro entre las manos.

—Te quiero.

—Lo sé.

—No quiero perderte.

—Entonces quédate.

Él la besó suavemente.

No fue un beso desesperado.

Fue un beso tranquilo.

Una manera silenciosa de decir estoy aquí.

Aquella noche, mientras preparaban la cena juntos, Marla intentó volver a reír.

Noah la observó.

—¿Qué?

—Nada.

—Me estás mirando.

—Me gusta verte sonreír.

Marla sonrió.

—Entonces tendrás que hacerme reír más.

—Puedo intentarlo.

—¿Solo intentarlo?

—No prometo ser gracioso.

Ella soltó una carcajada.

Por primera vez en días, ambos pudieron olvidarse del peligro durante unos minutos.

Pero cuando terminaron de cenar, el teléfono de Noah vibró.

Un mensaje desconocido.

«Disfruten esta noche.»

Debajo había una fotografía.

Marla y Noah aparecían en la cocina.

La imagen había sido tomada desde afuera.

Noah sintió que la sangre se le helaba.

Marla vio la pantalla.

Su sonrisa desapareció.

Ninguno habló.

Porque ahora sabían algo con certeza.

Alguien había logrado acercarse mucho más de lo que imaginaban.




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