Capítulo 55
La noche en que todo cambió
El mensaje seguía en la pantalla.
«Disfruten esta noche.»
Debajo estaba la fotografía.
Marla y Noah aparecían en la cocina, abrazados.
La imagen había sido tomada desde afuera.
Marla sintió que el miedo le recorría todo el cuerpo.
—Noah...
Él no respondió.
Solo observaba la fotografía.
—¿Cómo pudieron acercarse tanto? —preguntó ella.
—No lo sé.
—¿Estaban afuera?
—Probablemente.
Marla se acercó a la ventana, pero Noah la detuvo.
—No.
—¿Por qué?
—Porque no sabemos si siguen ahí.
Ella retrocedió.
Por primera vez desde que había comenzado todo aquello, sintió que el lugar donde estaba ya no era seguro.
Noah llamó inmediatamente a su abogado.
—Necesito que vengas.
—¿Ahora?
—Ahora.
Mientras esperaba, revisó las cámaras de seguridad del edificio.
Había una cámara apuntando hacia la entrada.
Otra hacia el estacionamiento.
Pero ninguna cubría completamente la parte posterior.
—Aquí —dijo Noah.
Marla se acercó.
En la grabación aparecía una persona caminando cerca del edificio.
Llevaba una gorra y una chaqueta oscura.
No podían distinguir su rostro.
—¿Es él? —preguntó Marla.
—No lo sé.
La persona se detuvo.
Miró directamente hacia la cámara.
Después continuó caminando.
Marla sintió un escalofrío.
—Sabía que estaba siendo grabado.
Noah asintió.
—Eso significa que quería que viéramos esto.
Una hora después, el abogado llegó.
Revisó las fotografías y los mensajes.
—Esto ya no es una simple amenaza.
—¿Qué significa? —preguntó Marla.
—Significa que están intentando intimidarlos y demostrarles que pueden acercarse cuando quieran.
Noah apretó la mandíbula.
—¿Qué hacemos?
—Denunciarlo formalmente.
—¿Y mientras tanto?
El abogado miró a Marla.
—No debería quedarse sola.
Marla asintió.
—Entiendo.
Pero entonces recordó algo.
—Esperen.
Sacó su teléfono.
—Hay algo que no les dije.
Noah la miró.
—¿Qué?
Marla abrió su galería.
Había una fotografía que había tomado unos días atrás.
Era una imagen aparentemente normal de la calle.
Pero, al ampliar la imagen, podía verse un automóvil estacionado al fondo.
—Ese automóvil estaba cerca de mi universidad.
Noah observó la matrícula.
Su rostro cambió.
—Lo conozco.
—¿Qué?
—Ese vehículo pertenece a una persona relacionada con mi familia.
El silencio cayó sobre la habitación.
Marla sintió que el corazón le latía con fuerza.
—Entonces nos han estado siguiendo desde antes.
Noah no respondió.
Porque ambos sabían que era verdad.
Esa noche decidieron marcharse del apartamento.
Noah tomó solamente lo necesario.
Marla guardó sus cosas en una pequeña mochila.
Antes de salir, miró por última vez la habitación.
—¿Crees que volveremos?
Noah la miró.
—Sí.
—¿Estás seguro?
Él se acercó y tomó su mano.
—Sí.
Marla sonrió débilmente.
—Entonces vámonos.
Bajaron por las escaleras.
Noah caminaba delante.
Marla detrás.
Cuando llegaron al estacionamiento, todo parecía tranquilo.
Demasiado tranquilo.
Noah miró alrededor.
—Espera.
Marla se detuvo.
—¿Qué ocurre?
Él observó un automóvil estacionado al otro lado.
Las luces estaban apagadas.
Pero el motor seguía encendido.
—Quédate detrás de mí.
—Noah...
—Por favor.
De repente, el automóvil arrancó.
Pasó frente a ellos lentamente.
Marla pudo ver al conductor durante apenas un segundo.
Y entonces ocurrió algo extraño.
El hombre giró la cabeza.
La miró directamente.
Después aceleró y desapareció.
Marla se quedó inmóvil.
—Él...
—¿Lo conoces? —preguntó Noah.
Ella negó.
—No.
Pero había algo en aquella mirada.
Algo que le resultaba familiar.
Cuando finalmente llegaron al nuevo lugar donde pasarían la noche, Marla no pudo dormir.
Se sentó junto a la ventana.
Noah apareció detrás de ella.
—¿Otra vez despierta?
—Sí.
—Yo tampoco puedo dormir.
Marla se volvió.
—Noah.
—¿Sí?
—¿Crees que algún día volveremos a tener una vida normal?
Él se quedó pensando.
—No sé.
Marla bajó la mirada.
—Eso no era lo que quería escuchar.
Noah se sentó a su lado.
—Pero sí sé algo.
—¿Qué?
—No necesito que nuestra vida sea perfecta.
Necesito que sigamos teniendo momentos como los que tuvimos antes de todo esto.