Capítulo 58
El secreto de la primera carta
Marla no podía apartar la mirada de aquella frase.
«Si algún día Noah conoce a Marla, ella será la clave para descubrir la verdad.»
Sentía que el aire le faltaba.
—Esto no tiene sentido —susurró.
Noah seguía sosteniendo el documento.
—Lo sé.
—¿Cómo podía alguien saber mi nombre antes de que nos conociéramos?
—No lo sé.
—¿Y por qué decía que yo sería la clave?
Noah negó lentamente.
—Eso es exactamente lo que tenemos que descubrir.
Marla se abrazó a sí misma.
Por primera vez, la historia que tanto había amado comenzaba a parecerle diferente.
Aquellas cartas que había guardado con tanto cariño.
Aquellos encuentros que parecían casualidades.
La primera vez que Noah la miró.
¿Y si nada había sido accidental?
—Noah...
—¿Sí?
—¿Tú crees que alguien provocó que nos conociéramos?
Él tardó en responder.
—Ya no estoy seguro de nada.
Regresaron al automóvil en silencio.
Marla llevaba el documento entre las manos.
Lo observaba una y otra vez.
—Quiero saber quién escribió esto.
—Lo averiguaremos.
—¿Y si la persona que lo escribió sigue cerca?
Noah la miró.
—Entonces tendremos que descubrirlo antes que ella nos encuentre a nosotros.
Marla asintió.
Pero había algo más que no podía dejar de pensar.
—Noah.
—¿Qué?
—La primera carta que recibiste...
Él la miró.
—¿Qué pasa con ella?
—¿Todavía la tienes?
Noah se quedó inmóvil.
Después abrió la guantera.
Sacó una pequeña caja.
Marla la reconoció inmediatamente.
—¿La guardaste?
—Siempre.
Noah abrió la caja.
Dentro había varias cartas.
Algunas estaban dobladas.
Otras tenían pequeñas marcas en las esquinas.
Marla tomó la primera.
La misma carta que había cambiado todo.
La leyó nuevamente.
Y entonces notó algo que jamás había visto.
En la parte inferior había un pequeño símbolo.
Una especie de brújula.
Marla levantó la mirada.
—¿Qué es esto?
Noah negó.
—Nunca lo había notado.
Ella tomó su propia brújula.
La que llevaba consigo desde hacía tiempo.
La abrió.
El símbolo era idéntico.
Marla sintió un escalofrío.
—No puede ser.
Noah acercó la brújula a la carta.
Coincidían perfectamente.
—¿De dónde sacaste esa brújula? —preguntó él.
Marla tragó saliva.
—Era de mi abuela.
—¿Y ella nunca te explicó qué significaba?
—No.
De repente, ambos quedaron en silencio.
La historia acababa de adquirir una pieza nueva.
Una pieza que los conectaba incluso antes de conocerse.
Marla recordó algo.
—Mi abuela siempre decía que algunas cosas llegan a nosotros antes de que sepamos para qué sirven.
Noah la miró.
—¿Qué más decía?
—Que nunca debía perder la brújula.
—¿Por qué?
Marla negó.
—Nunca me lo explicó.
Noah observó nuevamente el símbolo.
—Entonces quizá tu abuela sabía algo.
Marla sintió un nudo en la garganta.
—Pero ella murió hace años.
Noah tomó su mano.
—Eso no significa que no haya dejado respuestas.
Esa noche, Marla regresó a casa.
Sacó todas las cosas que conservaba de su abuela.
Fotografías.
Cartas.
Un pequeño álbum.
Y una caja de madera.