Hasta que nos volvamos a encontrar

CAPÍTULO 12

Volví a Yamashiro montando a Hikari. Al parecer el pobre animal tendría que quedar a mi cuidado, y realmente lo agradecía porque con él podría llegar a Daiki más rápido.

Lo primero que tendría que hacer, era convertirme en hombre tal como lo había hecho Grace. Ella dijo en su carta que dejó sus ropas en mi cómoda, así que solo me vestiré con ellas y simularé ser un joven aprendiz en busca de su maestro.

Cuando entré a mi cuarto, fui directo a la cómoda y al abrirla, ahí estaban. Las ropas de Grace. Una lágrima solitaria se escapó de mis ojos al recordar cómo habían terminado las cosas con ella. Si tan solo hubiera esperado por una explicación en vez de marcharse de esa forma, las dos podríamos haber vivido juntas y ser felices con los hombres que amamos, pero todo se enredó.

Saqué con cuidado la vestimenta y cuando la desenrollé, una bolsita cayó de entremedio. Eran dos celulares y un cargador solar. Al principio no entendí por qué los había dejado allí, pero luego recordé lo que ella había escrito en la carta:  Te dejo mis ropas y “demás cosas” dentro de tu cómoda. Úsalas si algún día sientes el deseo de volver.  Los celulares y el cargador eran esas “demás cosas” de las que hablaba. Cuando leí la carta la primera vez, no medité en aquellas palabras, pero ahora que tenía la forma de volver al futuro otra vez en mis manos gracias a Grace, la atesoraría, porque quizás ella tenía razón….. quizás algún día necesitaría regresar.

Antes de preparar mis cosas había una cosa más por hacer antes de partir, y eso era despedirme de la familia Shigure. Entré a la casa y le pedí a Yoriko que reuniera a la familia.

_Taro-san, Megumi-san, Kyomi. Le pedí a Yoriko que los reuniera porque tengo algo que comunicarles_ les dije con un nudo en el estómago.

_¿Qué sucede, Sakura-san?_ me preguntó Taro-san.

_Por ciertas circunstancias, debo marcharme, y no quería irme sin antes darles las gracias por todo lo que ustedes hicieron por mí. Me brindaron un lugar donde vivir y un trabajo con el cual sostenerme. Pero también me dieron su cariño y amistad incondicional, en especial tú Kyomi. Llegué a quererte como una buena amiga_.

_Te extrañaré, Sakura_ me dijo Kyomi con sus ojos humedecidos.

_Entendemos, Sakura-san. Y te agradecemos a ti también por lo que hiciste por nuestra familia. Nos devolviste a nuestra hija_ dijo mirando primero a su esposa y luego ambos miraron a Kyomi. _Hiciste que volviera a tener ganas de vivir. Lograste ponerla de pie y que caminara. Y Megumi también ha mejorado su salud gracias a las medicinas que preparas para ella. Gracias por haberme salvado ese día en Yamato. Fueron los dioses que te pusieron te nuestro camino_ me dijo Taro-san evidentemente emocionado y entristecido por la noticia de mi partida.

_Le enseñé a Yoriko a preparar las medicinas de Megumi-san, así que no tiene que preocuparse por las futuras crisis que ella tenga. Yoriko sabrá perfectamente bien lo que tiene que hacer_.

_Puedes llevarte contigo la hornilla y el resto de los utensilios que usas para tus medicinas y ungüentos si lo deseas. Seguro las necesitarás a donde quiera que vayas_ me ofreció Taro-san.

_Muchas gracias, amo. Que el cielo los cuide_ Sin más que añadir, fui en busca de mis cosas, las eché en mi alforja, cambié mis ropajes y me fui a Izumo en el lomo de Hikari.

 

No sabía muy bien en qué dirección quedaba Izumo, pero agradecí el gesto de Yoriko al obsequiarme un mapa que ella tenía en su poder antes de partir. Me detuve a estudiarlo y comencé mi recorrido en busca de Daiki. Tenía que llegar pronto a esa ciudad, al menos antes de que él tuviera que huir de Ozuru Tanaka otra vez.

En el trayecto pasé por muchos pueblos y aldeas, pero me detuve en la provincia de Harima específicamente en Banshū. El ambiente en el pueblo era sombrío. Dondequiera que mirara, la gente parecía estar sumida en una tristeza profunda. Se escuchaban lamentos en muchas casas y se veían procesiones fúnebres por las calles.

 Ya era tarde y no tenía otra alternativa que quedarme en aquel lugar. Busqué una posada y pedí que me trajeran algo de comer. La situación que había visto en el pueblo me estaba causando mucha curiosidad, así que cuando el posadero me llevó el plato de comida pregunté qué estaba pasando. El hombre me contó que había un brote de peste que estaba afectando a los niños y muchos habían perdido la vida. Me sentí impotente porque en el futuro las pestes han estado bastante controladas gracias a las vacunas, pero en ese tiempo aún no existían y las epidemias se estaban cobrando la vida de cientos de personas, en este caso, pequeños niños.

Tenía un enorme dilema en mi interior. Por un lado estaba mi urgencia de llegar con Daiki, pero por otro, mi sentido de responsabilidad me obligaba a hacer algo por aquellos pequeños.

Después de meditarlo, decidí que debía ayudar. Pregunté al posadero si había algún curandero al cual estaban llevando los niños enfermos y me dijo que había solo una curandera pero que ella no daba abasto con tantos niños contagiados. Le pedí al posadero si podía llevarme con ella y así lo hizo.

La curandera era una mujer joven, como de unos 45 años y estaba absolutamente sobrepasada con la cantidad de padres que esperaban a que ella examinara a sus hijos. Se notaba que la mujer tenía conocimientos, porque se preocupó de que las familias que estaban afuera de su casa esperando su turno, estuvieran lo suficientemente separadas para que no hubiera contagio directo.




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