Hasta que nos volvamos a encontrar

CAPÍTULO 15

El 12 de abril partí en dirección a las montañas de Kokura al lugar que me había indicado Nagaoka. No era tan apartado de la ciudad, pero la geografía del lugar era bastante agreste. Seguí el camino poco transitado por unas cuantas horas hasta que llegué a una pequeña cabaña en una loma. Al costado de ella, trabajaba la tierra un hombre al que identifiqué aún estando a mucha distancia. Era mi hermano.

_Buen día_ le grité cuando me acerqué lo suficiente para que me viera.

Él me miró sin una gota de asombro, dejando a un lado su azada y acortó distancias hasta llegar a mí. Luego para mi propio asombro, me dio un fuerte abrazo_ Al fin uno de ustedes está aquí_ me dijo.

_Cómo… ¿tú sabías de nuestra existencia?_ le pregunté incrédulo aun.

_Sí, siempre lo supe. Umeko-san nunca me ocultó la verdad de mi nacimiento. Y tú, ¿quién eres? ¿Musashi o Daiki?_ ¡¡Hasta nuestros nombres sabía!!

_Primero dime tu nombre_.

_Soy Hisoka, Hisoka Ichikawa o más apropiado sería, Shinmen.

_Yo…yo soy Daiki, pero también Musashi_ esta vez me di el lujo de asombrarlo yo.

Le conté absolutamente todo a Hisoka.  Cómo Musashi y yo nos enamoramos de unas viajeras del tiempo, cómo Musashi fue tras una de ellas al futuro, por qué adopté su identidad, así como mi plan de acabar con la vida de Kojiro y por qué.

Pensaba que la cantidad de información que le estaba contando iba a abrumarlo, pero no fue así. Había muchos detalles de nuestras vidas que Hisoka conocía a la perfección, eso porque cuando murió Umeko-san, él, como nosotros, vagó por todos lados tratando de encontrarnos, y cuando lo hizo, a uno primero y al otro después, se dedicó a observarnos desde las sombras por un buen tiempo, aprendiendo como nosotros el camino del guerrero. Incluso, según me dijo, tuvo la oportunidad de ver algunos duelos del mismo Sasaki Kojiro, del cual también aprendió algunas técnicas con solo observarlo de lejos. Se transformó en un diestro espadachín, pero con el tiempo se dio cuenta de que su vida apuntaba en una dirección distinta. Pasó años de meditación en el templo Futago-ji en compañía de monjes y sacerdotes, y luego se recluyó a una vida en soledad en las montañas de Kokura, el lugar que lo vio crecer.

Había decidido no intervenir en nuestras vidas. De alguna forma increíble se le había revelado que algún día uno de nosotros necesitaría su ayuda para ser suplantado y para ello, nadie debía saber que nosotros éramos trillizos.

De toda la locura de los viajes en el tiempo, Hisoka no manifestó ningún cuestionamiento ni duda alguna, solo me escuchó con suma atención. No sabía si en el fondo me creía o no, pero para darle peso a mis palabras, le mostré el celular que mi amada Faith me había entregado.

Con todo lo que había pasado, no le encontraba sentido irme al futuro. Aquí, en mi presente, estaba mi hermano y estaba seguro de que podríamos vivir juntos allí en las montañas. Quizás si hacía como él y me recluía en soledad, podría aplacar un poco mi dolor y asumir mi pérdida con el paso de los años, si es que eso algún día fuese posible.

_¿Cuál es tu plan entonces, Daiki?_ me preguntó.

_Reté a duelo a Kojiro en Funajima pasado mañana. Le dije que fuera solo, que el duelo sería sin espectadores. No quiero que nadie acuda en su ayuda si la fortuna está en mi favor. Sin embargo, quiero que tú estés conmigo. Si las cosas se tornan en mi contra, quiero que tú termines la venganza por mí. Faith no se merecía morir, tampoco mis hijos, pero si yo muero, no podré vengarlos. Ayúdame, Hisoka. Cobra venganza, conviértete en Musashi por mí si yo no pudiera seguir siéndolo, protege el legado de nuestro hermano y guarda el secreto hasta el día de tu muerte. Con ello le darás honor a tu nombre_.

_Tienes mi palabra, Daiki_ me prometió.

_Quiero entregarte esto_ abrí mi alforja y le entregué a Hisoka las riquezas que Musashi dejó para mí. _Faith me pidió que las compartiera contigo. Si yo no vuelvo a tu lado, hermano, por favor dispone de ellas como gustes_ Asintió.

Cuando hube terminado de afinar lo últimos detalles de mi plan, bebimos unas cuantas botellas de sake para celebrar el reencuentro, tal como con Musashi, y luego nos fuimos a dormir.

 

Partimos en la mañana y llegamos a la ciudad por la tarde. Una vez en ella, le dije a Hisoka que nos separáramos y que me esperara cerca del muelle hasta que yo llegara al día siguiente. Nadie debía vernos juntos.

A continuación, fui a casa de Nagaoka-san y le dejé una carta para agradecerle su hospitalidad y para despedirme. No quería causarle ninguna molestia.

Volví a la posada casi de noche y me fui a dormir en paz. Sabía que mi venganza estaba asegurada ya fuera por mi mano o por la de Hisoka. Por la noche, mis sueños estuvieron llenos de imágenes de mis pequeños en brazos de mi mujer, todos juntos disfrutando de una apacible vida en medio de las montañas. Quizás era una premonición de lo que me esperaba en la eternidad junto a ellos.

Desperté con una lágrima rodando por mi mejilla cuando una partida de Samurais enviados por Hosokawa me encontró. Según ellos, estuvieron buscándome por horas sin poder hallarme hasta ahora.

_Se supone que debías encontrarte con Sasaki Kojiro a las 8 de la mañana, ¿es que acaso no vas a presentarte al duelo que tú mismo solicitaste? Ya son las 10 y tu aún estás aquí_ gruño uno de los samurais.




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