Hasta quemar el cielo

Prólogo | El despertar

Hoy todo parece tranquilo, ¿verdad? Hasta que uno se atreve a mirar con los ojos abiertos…

El zumbido suave de los monitores es lo único que suena en la sala oscura. Las luces tenues parpadean con el ritmo hipnótico de las cámaras de seguridad. En cada pantalla, un ángulo distinto del centro comercial: pasillos vacíos, escaleras mecánicas en reposo, un globo rojo flotando entre vitrinas olvidadas.

En el centro de ese enjambre tecnológico, un hombre permanece en silencio. Alto, postura serena, ojos tan vacíos como el lugar que observa. Cael.

Lleva puesta una camisa gris sin insignias, los brazos cruzados detrás de la espalda. Su reflejo apenas se ve en el vidrio frente a él, junto a las cámaras.

—¿Estás listo para comenzar? —pregunta una voz por el intercomunicador.

Él no responde de inmediato. Sólo se inclina hacia uno de los monitores donde ve a dos hermanas entrando al centro comercial. Sonríen. Caminan despreocupadas.

Cael ladea la cabeza.

—Nunca se trata de estar listo —susurra—. Se trata de estar decidido.

Aprieta un botón. En la pantalla, las luces del lugar parpadean, y en los accesos empiezan a cerrarse lentamente las rejas metálicas.

Todo ha comenzado.

Camina hacia una mesa con mapas del centro, teléfonos viejos, y una caja metálica con el símbolo de Los Caídos grabado en la tapa: un círculo negro atravesado por una línea vertical.

Al abrirla, revela lo que parece una pequeña grabadora antigua. La enciende.

—Mensaje para la prensa. Para la historia. Para quien aún crea que esto fue sólo violencia sin propósito...

—Es hora de dejar nuestro mensaje — Cael mira la pequeña grabadora en sus manos — Es hora de despertar….

“El mundo no necesita más héroes.

Necesita memoria.

Necesita fuego.”

Al principio creían que solo éramos ruido. Otra chispa en medio del apagón moral que ellos mismos crearon. Pero no. Nosotros somos la sombra que recuerda. Somos la grieta que crece entre los cimientos de sus mentiras.

Los llamaron inocentes.

Los llamaron civiles.

Pero dime… ¿quién es inocente cuando su silencio sostiene al verdugo?

Ellos pasean entre vitrinas, ciegos, vacíos, adormecidos por ofertas, por luces artificiales y promesas huecas. Mientras tanto, nosotros despertamos.

Recordamos.

Y atacamos.

No es terrorismo.

Es redención.

Somos Los Caídos.

Porque antes de luchar, nosotros también fuimos derribados.

Porque para levantarse, primero hay que caer.

Y cuando el mundo mire hacia atrás…

Cuando se pregunten dónde empezó el incendio…

Verán este día.

Verán nuestro símbolo grabado en sangre.

Y sabrán que la oscuridad también se organiza.

—Umbra




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